Viernes 16 de diciembre del 2005 La caja

Mi poder en la televisión

Hay un poder que cada día cobra más fuerza y también más impunidad. Un poder que hace tiempo cruzó el umbral de la comunicación y hoy por hoy es un actor político de alto vuelo. Un poder que la semana pasada dio sermones públicos al secretario particular del presidente, Felipe Vega, y que le dijo cómo debía ser la estrategia al ex ministro de Gobierno, Galo Chiriboga.

Un poder que ayer jueves llegó a su cúspide: en solo 45 minutos de programa pidió la destitución del Presidente de la República como quien pide un vaso de agua, dio las instrucciones de cómo debe ser el nuevo Superintendente de Bancos, puso a pelear (porque aquello de “debate”, muy poco) a Modesto Apolo y a Carlos González, volvió a dar consejos al flamante ministro de Gobierno, Alfredo Castillo…

Si a León Febres-Cordero se lo llama con frecuencia “el dueño del país” y sus enemigos dan como fuente de su poder el control sobre las cortes de Justicia, el poder de Carlos Vera se manifiesta cada mañana en las pantallas de televisión y radica en los altos niveles de rating, al punto que hace pocos días una personalidad que trabajó en una importante ONG hasta hace poco decía: “Si no estás en ‘Contacto directo’, no pasa nada”.

El estilo Vera
Carlos Vera dijo alguna vez que no se consideraba periodista. Su autonegación no tiene nada que ver con la tontería gremial del título o no título profesional. El contrasentido es que Vera hace periodismo, lo ejerce día a día. Sin embargo, practica el oficio desde el poder mediático que ha acumulado.

Hay muchos televidentes que lo siguen porque señalan que “es el único que dice las cosas frontalmente”. Esa frontalidad es la marca del periodista, la cual ya no solo se manifiesta directamente en comentarios de tipo editorial sino que se han desbordado hasta contaminar todo lo que hace. La frontalidad se ha convertido en confrontación.

A eso se reducen sus entrevistas: a una confrontación, a un muñequeo, a un “quién puede más” con los invitados, a menos que sea Pocho Harb, su candidato a presidente del Barcelona. Vera sale casi siempre ganando, por supuesto, porque tiene la sartén por el mango, es decir, puede mandarles a callar cuando quiera a sus invitados.

Despejado el territorio, no hay nada que le impida pedir como si de una pregunta se tratara: “¿Por qué debemos aguantar un año más a este Gobierno?”. ¿No deben enjuiciar al Presidente y sacarlo?  O dar las instrucciones para elegir Superintendente de Bancos, o pedir destituciones, o dar avales políticos a diputados o alcaldes (a González lo presentó como paladín de los casos Filanbanco y notario Cabrera, y el pedido de destitución de la Ministra de Economía por parte de los alcaldes lo elevó a consulta nacional).

Total, al poder hay que ejercerlo, ¿no es cierto?

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