Miércoles 07 de diciembre del 2005 La caja

‘¿Por qué quedó eso en el pasado?’

Escribe una lectora de esta columna, para sugerir un tema: “Resulta que estoy en un seminario de comunicación y actualmente estamos desarrollando el módulo de periodismo de espectáculos; comentábamos en la clase que en la TV ecuatoriana sí han existido programas buenos, de un alto nivel (de acuerdo a la época), un ejemplo considerábamos la telenovela El ángel de piedra, el programa concurso ‘Quien sabe, sabe’, el programa musical ‘Soul train’ y una serie quiteña que no recuerdo ahora el nombre pero la transmitían por Teleamazonas y creo que la directora era Viviana Cordero, era una “sit com” de un inmigrante ecuatoriano que después de muchos años regresa de Estados Unidos. En fin, si nos ponemos a pensar existen algunos programas que fueron muy buenos y realizaban un aporte al televidente… ¿Por qué quedó eso en el pasado”.

Aunque en los programas de farándula y similares crean (en su ignorancia) que el término que los nombra es de invención de esta columna, en realidad, la telebasura es la tendencia predominante internacionalmente. En otras palabras, este es el nombre que tiene gran parte de las series televisivas contemporáneas. Casa adentro, lo que sucede es que además son productos muy mal realizados con personajes de dudoso talento y menos gusto.

¿Y por qué en la TV contemporánea predomina la telebasura? Para responder, hay que entender las dos piezas de la tenaza que tiene atrapada a la industria. La primera es que estos géneros son una forma de acercarse a la vida cotidiana de grandes masas de consumidores televisivos con producciones de bajísimo costo. La segunda es que existe una estrategia muy clara de empujar hacia la TV de pago (cable, satelital y aérea) a todo aquel que pueda desembolsar unas decenas de dólares por este servicio.

Cabe recordar que hace pocos años, contratar TV de pago era un lujo. Ahora contar con ella es una necesidad básica sobre todo cuando hay niños en la casa.

Lo cierto es que cada vez escasean más en las grandes televisoras de señal abierta (con unas pocas excepciones) los abultados presupuestos para la producción de grandes series. Esa función se ha desplazado hacia empresas que proveen contenidos a los sistemas de pago. Un ejemplo clarísimo es HBO.

Por último, tenemos que uno de los géneros bandera de la telebasura son los reality shows creados por pequeñas productoras holandesas, australianas o neozelandesas. Lo paradójico es que la TV nacional ha asumido las nuevas formas sin beneficio de inventario y no como una oportunidad de reconocer a su público. Así, en algunos casos, se minimizaron los departamentos de producción con el fin de comprar costosas franquicias de  realitys.  Mientras, la otra cara de la medalla representa la emisión de producciones de bajo costo, sin que importe mucho su calidad y/o aporte.

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