Jueves 01 de diciembre del 2005 La caja

Los sesgos, malhumores y odas del día a día

Una salida de tono, más allá de su inobjetable razón y contundencia. Eso fue el editorial del presentador de noticias en Teleamazonas, Bernardo Abad, al abrir el noticiero de las 07h30: “Como un simple pagador de impuestos” me opongo a que se utilice mi dinero para pagar a los socios de José Cabrera.

Fue tan evidente que su compañera de panel se puso incómoda, trató de recomponer su propia función y expuso su propia posición frente a la nueva Corte. Pasaron los segundos, se hizo minuto y la información seguía aguardando. Y al fin, luego de una eterna espera –en tiempos televisivos– se presentó una primera nota que nada tenía que ver con los editoriales: Nuevos disturbios en Chone. 

El lunes pasado, en una información aparentemente tan frívola como el de la denuncia sobre una supuesta manipulación en los resultados de la elección de Reina de Quito, Lenin Artieda hizo lo siguiente: utilizó el término “queja”, así, entrecomillándolo con la inflexión en la voz, con lo cual comentaba realmente: “¡Esto no es ninguna queja y menos una denuncia!”. Luego añadió: “Leyeron una carta” con un dejo especial sobre la palabra carta que sonaba a: “¡Una sosa carta! ¡Cómo me hacen perder el tiempo!”.

En el reporte de Artieda no se dice cuál es el contenido del documento. Su comentario es un malhumorado “se apretujaron en el ascensor (las candidatas denunciantes) y salieron”...  La impresión es que el reportero llegó tarde (al parecer por desorganización de los convocantes de la rueda de prensa), no oyó la lectura de la carta y cuando quiso obtener declaraciones, las ex candidatas se fueron… Pero el malhumor no justifica la carga de malicia.

Y qué decir de esta pieza que nos regaló Luis Antonio Ruiz, de Teleamazonas: Las paredes sucias, la falta de material, las partidas falsificadas, los muertos que viven, todo se acabó ahora (con el traspaso del Registro Civil al Municipio de Guayaquil). Un antiperiodístico aventurar los resultados en un proceso que recién se inicia.

¿Se pueden evitar las mezclas?
En la TV es complicado separar con exactitud los géneros periodísticos de opinión y aquellos otros exclusivamente informativos, sostenía Carlos Vera frente a los cuestionamientos a la mezcla de información y opinión.

Eso es cierto hasta un punto porque los territorios en la TV están marcados por los hombres y sus funciones. Un anchor puede opinar y presentar información. Un reportero que trabaja con los géneros informativos no puede y no debe opinar. Un comentarista de TV está ahí para editorializar, pero un presentador es el rostro en el cual el público confía para que le cuente el extracto de un hecho noticioso,  y cuando opina transgrede ese pacto.

Actualmente en las pantallas todo es un champú. El reportero opina lo que le parezca (la mayoría de cierres de las notas informativas no solo son opiniones sino tomas de partido). El anchor es investigador y el presentador cree que tiene el derecho de darle el sesgo que quiera a la noticia que debe anunciar, etc. Pero hay que tener mucho cuidado, mezclar así las cosas se acerca demasiado a la manipulación.

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