Miércoles 30 de noviembre del 2005 La caja

Las dos dimensiones de ‘El Mejor Ecuatoriano’

La gala final donde se eligió a ‘El Mejor Ecuatoriano’ tuvo dos dimensiones muy distintas: el espectáculo en el Teatro Sucre y la emisión televisiva. Aunque tampoco es que las dos dimensiones permanecieran ajenas una de la otra. Todo lo contrario, en el Teatro se vivió el ambiente de un set de TV. En las pantallas fue perceptible la emotividad que circulaba por el emblemático Teatro Sucre.

Pude estar en el Teatro y vivir el ambiente que se vivió allí. Luego revisé la grabación de lo que fue el programa de televisión. Mi sensación general es que se trató de un excelente programa de TV y un show envolvente.

Como una producción de TV, la final de El Mejor Ecuatoriano fue impecable. Todo estuvo en su punto y se cumplió en sus tiempos y sin contratiempos. Con tantos factores en juego (conductores, reportajes, defensores de los candidatos, videastas, personalidades en la sala, barras); el mérito hay que darlo enteramente a los equipos de producción que sin duda estuvieron preparados y concentrados en sus tareas.

En el Teatro, el ambiente estuvo marcado desde las afueras. Dos bandas en distintas partes de la Plaza del Teatro ponían el sabor. Las barras favorables a El Viejo Luchador repartían afiches, volantes, calcomanías. Un grupo opositor al reality de Ecuavisa repartía volantes con la reproducción de un muy buen artículo de Fausto Abad Zúñiga publicado en La Hora de Santo Domingo,  y uno de los más conocidos activistas políticos de Quito, El hombre del megáfono, gritaba sus consignas.  En el interior del Teatro, en cambio, las barras respaldaban a sus candidatos con todo ímpetu, pero con respeto.

Y luego de esas consideraciones, sí caben algunas observaciones conceptuales sobre el programa. El primero es la facilidad con la cual Freddy Ehlers desechó las 11.000 firmas de respaldo a monseñor Proaño. Lo cual develó una realidad: probablemente los votantes de algunos candidatos era gente que no tenía acceso a un teléfono móvil. Si bien el sistema de voto SMS está bien cuando se trata de hacer negocios a través de la ingenuidad de adolescentes y gentes “urbanitas”, sí se revela limitado cuando se trata de involucrar a todo un país en una causa.

El efecto final fue que –como ha sucedido en estos 500 años– la voz de los indígenas y la población rural del país no fue escuchada, fue excluida y desechada sin mayor trámite. Triste e indignante.

Si se pasa esa página, en cambio cabe destacar que el programa se concentrara en resaltar valores. Eso fue muy importante. En la columna de los haberes, también, el documental sobre los otros “mejores ecuatorianos”. Eso definitivamente le dio oxígeno a un programa que a veces recayó con facilidad en los lugares comunes y los adjetivos rimbombantes. Es decir, todo lo contrario de lo que debe ser una cívica más contemporánea.

Y ya que se habla de cívica; más allá de cualquier falla, una cosa: sí es gratificante tener en la TV algo que apueste a la construcción del país y no a su decadencia a través de la “telebasura”.

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