Martes 29 de noviembre del 2005 La caja

Imágenes de la ‘Tierra de la Confusión’

Jorge Ortiz le dice al vocal del Consejo Nacional de la Judicatura: “Gracias por venir a ventilar un asunto familiar, privado”…, era la frase con la cual cerraba un debate que involucró a los representantes de la rectora de una institución educativa agredida por el hijo del funcionario judicial.

La agresión se produjo en un despacho de la institución educativa. La agredida es la autoridad de ese centro. El supuesto agresor, un joven de 23 años, estuvo en la calle (el espacio público por excelencia) en el momento en que su padre impidió su arresto y se lo llevó en un carro del Estado.

¿Un asunto privado? Para nada, solo la confusión del periodista puede llamar así a algo que es claramente un hecho público porque además implica una cuestión adicional: el posible abuso de autoridad de Carrión y el mal uso de un bien público (el auto) para impedir la acción de la autoridad policial.

De cuántas confusiones están llenos los tratamientos noticiosos. Ese no saber cuáles son los espacios públicos y los privados es uno. Tampoco se tiene empacho en burlarse de los tratamientos anticancerígenos del Presidente del Congreso (Narváez no fue el único, ‘En corto’ hizo lo mismo, aunque sin llegar a las temerarias acusaciones); pero en un hecho de violencia pública se muestra una actitud extrañamente compresiva.

El joven es un chico de 23 años, mayor de edad, pero su nombre se oculta. No así el de la institución educativa. Su padre afirma que tiene una enfermedad mental. Aún no se ha visto alguna opinión médica. En todo caso, el asunto debiera seguir su curso en tribunales, pero ahí es cuando entra la segunda duda: ¿Su padre no intervendrá en el proceso? Su primera actuación es algo que se parece mucho al abuso de poder. Su justificación en Teleamazonas es como para ponerse a pensar: “Yo trabajo en la Función Judicial y tengo un auto del Estado: ¿Acaso debía tomar un taxi?”.

Claro, es inadmisible que un alto funcionario público use el transporte público. Cualquier otro padre sí habría tenido que tomar un taxi, para un alto burócrata eso es una indignidad. Tremendo mensaje que se propaga en la televisión: “gracias por rendir cuentas”.

Tantas confusiones. Y en tantos canales de TV. Cuando Carlos, un ciudadano de los que usan el transporte público, llama a RTS a quejarse por un filme que pasaron las tardes del jueves y viernes  (un bodrio donde Tarzán lucha junto a Manco Cápac en medio de las pirámides aztecas) le responden: “Lo nuestro es solo entretener, la educación de los niños es responsabilidad de los padres”.

Ante tan olímpico lavado de manos, solo queda preguntarse: ¿el entretenimiento es la patente de corso que permite cualquier barbaridad? Se prende la TV y solo se tiene confusión…

La caja

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