A las 04h40 del martes 25 de octubre en el Hotel Mercure de Quito dejaba de existir el notario José Cabrera. Estaba junto a una chica de 18 años, amante suya desde los 16. Entre sus pertenencias se hallaron píldoras de Viagra. Luego, durante la autopsia, se encontraron restos de cocaína y whisky.
Un cóctel de placer que llevó a Freddy Ehlers a plantear el domingo 16 de noviembre que el notario posiblemente se había suicidado porque, se supone –el diputado Ernesto Valle lo confirmó ante la pantalla- que el difunto tenía problemas cardiacos. Es cuestión de sumar: 2.800 metros de altura + viagra + acciones amatorias + cocaína + whisky + problemas cardiacos.
La hipótesis no es tan descabellada, pero en este momento (viernes 25 de noviembre, 18h00) no es más que una especulación sin que se haya informado de alguna prueba que confirme que el notario tenía la intención de acabar con su vida.
Apenas dos días después, cuando se anunció oficialmente la muerte de Cabrera, los noticieros ya habían enviado cámaras a Machala: cientos de personas se habían agolpado en los bajos de la Notaría y pedían saber qué pasaba con sus “inversiones” puestas en manos del difunto.
Las cámaras estuvieron allí antes, durante y después del sepelio, mientras los hijos de Cabrera aseguraban que honrarían el pago de los “depósitos” entregados a su padre. La gente se tranquilizó y los equipos periodísticos regresaron a sus canales.
Todo estaba tranquilo, nada había pasado. Aunque era evidente que algo muy raro, ilegal, irregular y de alto vuelo estaba sucediendo; las cámaras retornaron y volvimos a la rutina de constituyentes vs. constitucionales.
¿Extraño? No tanto para la dinámica noticiosa de la TV. Entendámoslo: actualmente la información es un elemento más de un menú dirigido sobretodo al entretenimiento. Poco más. En esa dimensión, la mayor parte de las agendas noticiosas (hay excepciones, por supuesto) no están enfocadas en lo que puede ser más relevante y peor aún a encontrar las puntas de los ovillos. Todo lo contrario, la tarea es urgente: conseguir más rating.
En ese primer momento del Caso Cabrera, los equipos que fueron a Machala tuvieron una idea fija en la cabeza: informar si se producía un incumplimiento de los compromisos económicos de Cabrera y si eso generaba la reacción de miles de personas. Como no sucedió instantáneamente, la información desapareció de las pantallas a los pocos días. Pero, como quedó consignado antes, nada se dijo de la ilegalidad del negocio, ni se cuestionó el hecho de que un notario actúe de financista ni tampoco qué clase de negocio puede pagar intereses del 8% o 10% mensual.
Solo imaginemos qué hubiera sucedido si, en lugar de que los hijos del notario huyeran y de que elementos de la Policía y el Ejército saquearan las oficinas, el negocio siguiera operando normalmente. Exactamente: no hubiera pasado nada.
Veinte mil civiles –entre ellos gerentes de bancos, jueces, vicepresidentes de tribunales electorales, familiares de alcaldes, esposas de ex generales y ex candidatos a la Presidencia de la República, etc.- hubieran seguido especulando ilegalmente con altas sumas de dinero. Seis mil militares de todos los rangos hubieran hecho lo mismo y 533 policías seguirían en el mismo camino.
Entonces, ¿baño de verdad? ¡Mentira! Simplemente el negocio, por algún motivo que desconocemos , se echó a perder.
Aunque –todo hay que decirlo- el fin de semana anterior al destape, los mayores periódicos del país sacaron informes donde se revelaron detalles del negocio de Cabrera y se comenzó a cuestionar su legalidad.
El jueves 10 de noviembre en una emisora de radio de Machala se dio la voz de alerta, pero con un estilo que los testigos califican de “típicamente sensacionalista”: los hijos del notario habían huido. Como ahora conocemos, ese día y los subsiguientes fueron el lapso en el que se preparó el saqueo de la Notaría y los vuelos militares no autorizados hacia Machala.
Días después, el domingo, los noticieros nacionales presentaron la información del caos que envolvía a la ciudad de Machala: policías y militares “cazados” por la multitud después del saqueo, varios de ellos con miles de dólares escondidos en sus cuerpos, un cementerio y un cadáver profanados macabramente.
Afortunadamente, las cámaras ya no son patrimonio de los canales grandes. Un ciudadano grabó las imágenes de policías y militares descolgándose de las ventanas como asaltantes. También se registraron los momentos en que se encontraba dinero entre sus pertenencias.
Y estuvieron también los equipos de periodistas locales para registrar las escenas más asombrosas del dinero sacado en fundas y baldes para posteriormente ser contado en improvisadas bodegas. Es decir, todas esas imágenes que han golpeado en los ojos y las conciencias durante todos estos días.
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La TV ha jugado un papel fundamental en todo el Caso Cabrera. Los medios locales de El Oro como OK TV divulgaron las imágenes de algunos elementos de las FF.AA. y de la Policía saqueando la notaría de Cabrera. Esas imágenes fueron utilizadas después por todas las estaciones nacionales. Ecuavisa y Teleamazonas plantearon sus investigaciones. Sin embargo, se ha visto excesos como el malicioso ensañamiento de un reportero de Teleamazonas con el ex juez Teodoro Cordero que incluyó la burla por un retrato del ex magistrado con el Papa Juan Pablo II. Finalmente, el famoso listado de clientes de Cabrera que algún anónimo televidente envió a Ecuavisa.
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