Lunes 21 de noviembre del 2005 La caja

El debate que se convirtió en una entrevista colectiva

En un principio no estaba anunciado. Incluso hasta mitad de semana no se pudo ver ningún promocional, pero el sábado a las 20h00 se realizó el debate de ‘El Mejor Ecuatoriano’.

Se trató, en realidad, de un especial que duró dos horas y media. El debate en sí mismo se redujo a dos paneles que en total duraron algo menos de una hora. Aparte de eso, se reprisaron los diez documentales de 10 minutos.

Con respecto a la duración de estos minidocumentales, he podido conversar con algunos de los realizadores que los elaboraron y todos expresan descontento con el tiempo que el canal estableció para los trabajos. Señalan que no era cuestión de presupuesto, pues si bien los $ 3 mil eran casi simbólicos, un mayor metraje –30 minutos o más– no incidía mayor cosa en los costos. Misterios del espectáculo televisivo.

En el debate propiamente dicho hubo dos paneles. En el primero estuvieron Rosángela Adoum, Hernán Crespo, Cecilia Calderón y Plutarco Naranjo. En el inicio, la ex ministra de Educación de Mahuad, Rosángela Adoum, señaló que el mejor ecuatoriano era un ser colectivo; planteamiento que puede ser políticamente correcto, pero que direccionó la discusión hacia una planicie totalmente alejada de un verdadero debate.

Afortunadamente, más tarde Hernán Crespo y Cecilia Calderón plantearon contrapuntos, críticas al proceso televisivo e ideas que dieron el carácter de una verdadera discusión a una conversación que estaba por naufragar en lo anecdótico.

Poca contundencia
Lo mismo sucedió en el segundo bloque de este primer panel. Rosángela Adoum desestimó los cuestionamientos a los posibles desafueros en la vida privada de Oswaldo Guayasamín con un generalísimo “basta ya de críticas” que cayó en campo inerte cuando se estableció que uno de los diez mejores ecuatorianos, Juan Montalvo, fue el crítico más feroz y el polemista más eficaz que ha tenido la historia literaria y política del país.

Balance de esos primeros rounds: intentos de intercambiar ideas con pocos instantes de contundencia.

En el segundo panel, el debate se desfiguró aún más. En los hechos se trató de una entrevista colectiva de Freddy Ehlers a un grupo de personajes bastante heterogéneo:  Raúl Vallejo, Nina Pacari, Rossana Iturralde y Paúl Granda (amigo personal de Jefferson Pérez).

Durante este programa especial se anunció que los debates se retomarán diariamente por algunas emisoras de radio. Probablemente ahí se pueda discutir todo lo que no se hizo el sábado por Ecuavisa. Y una duda final: ¿o en la televisión existe tan poca práctica de debatir las cosas que se termina por trastocar los géneros o simplemente Freddy Ehlers puede ser un entrevistador, pero no un conductor de discusiones? Quizás la respuesta incluya las dos posibilidades.

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