Las escenas en la Notaría Segunda eran comunes. En la puerta de entrada al edificio Inmobiliaria Veintimilla, ubicado en pleno centro de Machala, cuatro hombres armados ponían orden al ingreso de los inversionistas, que es como se autodefinen muchas de estas personas. Ya en el mezanine recibían un tiquete y esperaban el turno para entregar su dinero. Una de las reglas es que estaba prohibido conversar entre ellos.
Hace algunos años el interés era del 10% y el notario José Cabrera Román lo pagaba con cheques. En su saqueada oficina constan algunos estados de cuenta corriente de los bancos del Pichincha, del Litoral y del Austro. De estos, solo en el 2003 se pagaban al día más de cien mil dólares diarios de intereses.
Aquello implicaba también tener cuantiosos ingresos. Su cuenta del Pichincha, que tenía un saldo superior al millón de dólares, recibía depósitos de más de cien mil dólares en apenas dos días. Según voceros de este banco, la cuenta de Cabrera fue cerrada cuando se advirtieron movimientos inusuales de dinero.
Pero quedó la de su principal secretaria, Angely Narcisa Anchundia Gutiérrez, en cuya cuenta también se realizaron transacciones superiores a los 700.000 dólares hasta este año. El productor bananero Paúl González indicó que con cheques de bancos se pagó hasta hace poco. Antes de morir, José Cabrera abrió cuentas en el Banco del Austro.
En la oficina de Cabrera trabajaban diez personas, seis de ellas cajeras que hacían cierres diarios de los negocios realizados. En sus reportes constan que cada una movía alrededor de 800.000 dólares por día.
Allí se detalla la fecha y el monto de pago de los intereses y si las personas retiraban o renovaban su capital. De acuerdo con la numeración de estos documentos, había más de 50.000 depósitos captados por el notario y que se mantenían en actividad.
Con el tiempo, los pagos se hicieron en efectivo. Y según algunos beneficiados, esta transacción tenía su dosis de misterio. Algunos recuerdan que las cajeras se tomaban su tiempo, “algo más de una hora”, para contar su dinero en otras oficinas. Cuando regresaban, pagaban con billetes que sacaban de otro lugar, nunca con los que llevaban los interesados. No se les permitía contar el dinero en la improvisada e informal financiera y tampoco existe explicación para que algunas veces Cabrera rechazara ciertos depósitos. Se comenta, entre algunos de sus clientes, que eso ocurría cuando las personas volvían a su oficina para nuevos depósitos con los mismos billetes que el notario les había pagado sus intereses.
Como antecedente, en mayo pasado se denunció que en Machala circulaban billetes falsos de 100 dólares de dos series plenamente identificadas. Aquello generó un rechazo general a estos e incluso se encontraron miles de ellos en bóvedas de los bancos. El caso desencadenó en una indagación fiscal de la que no se supo los resultados. Pero según una fuente de la Interpol, este dinero no era falsificado, sino “sucio”, proveniente del narcotráfico.