Domingo 20 de noviembre del 2005 El País

Miles se aferran a una devolución incierta

MACHALA | Marlon Puertas, EDITOR

En Machala, una avalancha de denuncias contra el fallecido ex notario José Cabrera Román se registra en la Fiscalía.

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MACHALA.- Desde el martes pasado cientos de personas llegan a la fiscalía del cantón a presentar su denuncia por estafa contra el fallecido José Cabrera Román y sus hijos.

En el 2004, el diario Opinión reveló las actividades de captación de dinero informales del notario José Cabrera Román. Ninguna autoridad policial o bancaria lo investigó.

Se autodenominan perjudicados. A pesar de que por su voluntad entregaron su dinero al entonces notario de Machala José Cabrera Román. Miles, en su momento, hicieron cola para entregarle su plata. Ahora, vuelven a hacer fila, pero en la fiscalía para denunciar lo que consideran es una estafa.

La posibilidad de recuperar ese dinero que invirtieron esperando ganar altos intereses es cada vez más incierta.  Las autoridades no logran identificar quien pudiese asumir la devolución de esos montos.

Mientras tanto, el local Agrícola, ubicado en el centro de la capital bananera (Nueve de Mayo y Rocafuerte), se ha convertido en el sitio de reunión de quienes tienen un reclamo por las altas sumas de dinero que le entregaron a José Cabrera Román.

Los ex clientes se congregaron a las 09h00, liderados por la Junta de Acreedores. Hablan incluso de un juicio en contra del Estado.

Una hora después de que el cuerpo del notario José Cabrera Román fuese desenterrado, los comentarios sobre si era su cuerpo o simplemente un muñeco, continuaban. Ni siquiera viéndolo, los improvisados exhumadores de este cadáver lo creían. Consideraron necesario incluso que alguien con un palo le golpee el rostro  ya desfigurado por su descomposición.

“Es una careta”, gritaban, con la esperanza de que Cabrera Román siguiera vivo para poder cobrarle el dinero que recibió de miles de personas, durante algo más de diez años.

Los cálculos más bajos dicen que mantenía en su poder más de cien millones de dólares. Los más altos, ochocientos millones. Puede ser incluso más.

Algunos querían sacar el cadáver de su ataúd y llevarlo hasta el parque central de Machala para que todos los ciudadanos que pasasen por ahí den su opinión. Este espectáculo macabro finalmente no se dio.

El notario 2º de Machala, José Cabrera Román, de 71 años, murió el pasado 26 de octubre, en Quito. Según la policía, de un infarto al corazón, mientras se hospedaba en el hotel Mercure, junto a una joven de 18 años.

La noticia de su muerte dejó ‘helada’ a buena parte de Machala, ciudad en la que vivió y ejerció su oficio notarial durante cuarenta años. Cabrera era un importante motor económico de la provincia de El Oro. Solo de los intereses que pagaba –al principio al 10%, después al 8%–, se calcula que sus depositantes recibían ocho millones de dólares mensuales. Y en una década se convirtió en el notario generoso que permitió a cientos de ciudadanos financiar sus casas, comprar sus vehículos y abrir sus negocios.

“La grave crisis económica impulsó a estas personas a confiarle a Cabrera su dinero”, justifica el alcalde de Machala, Carlos Falquez (PSC). Cómo se multiplicaba el dinero, nadie lo sabe con certeza.

Y pocos en realidad se hacían esa pregunta porque lo importante era que José Cabrera tenía una imagen de hombre serio y honesto. Era el presidente y fundador de la Federación Ecuatoriana de Notarios, delegado del Ecuador ante la Federación Internacional de Notarios, integrante del Club Rotario, fundador y prorrector de la Universidad Metropolitana, sucursal Machala, y sobre todo, amigo de mucha gente.

Cuando murió las condolencias resaltaban, por ejemplo, que había sido un distinguido jurisconsulto, según lo calificaron el Presidente y los ministros de la Corte Superior de Justicia, función pública que debía controlar las actividades notariales.

Los periódicos de la ciudad, en cambio, lo calificaban de “destacado financista que siempre cumplió”. Los militares de la Brigada El Oro  acompañaron con su banda de guerra el concurrido sepelio.

Con los días, los calificativos cambiaron. Los periódicos ahora exigen esclarecer la que llamaron estafa de miles de ciudadanos. El obispo de la ciudad, Néstor Herrera, dijo que estos hechos demuestran una ambición desmedida, “pues la codicia rompe el saco” y el presidente de la Corte de Justicia, Teodoro Cordero, dijo “desconocer las actividades ilícitas del notario”.

No es el único funcionario. Otros que prefieren no dar la cara, también aseguran que desconocían las operaciones financieras de Cabrera. En Machala hay oficinas del Consejo Nacional de Sustancias Estupefacientes y Psicotrópicas, Consep, y de la Procuraduría del Estado –que impulsó la aprobación de la ley para sancionar el lavado de dinero–, pero en ambas se deslindan responsabilidades por la falta de control.

Todo esto pese a que la Notaría Segunda está en medio de todas las autoridades: jueces, Municipio, Gobernación, fiscalía. El fiscal Carlos Vera y el superintendente de Bancos, Alejandro Maldonado, dijeron que mientras no exista una denuncia concreta, no se podía actuar. Pero el 14 de diciembre del 2004, el diario Opinión publicó en su primera plana y a grandes titulares que un ‘Prestamista recibe millones y paga al diez por ciento mensual’. No ocurrió nada.

El alcalde Falquez lo admite: “Es verdad, todo el mundo lo sabía. La ciudad se puso una venda”.

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