No hay recurso más efectivo para ocultar la verdad que los eufemismos; en otras palabras, decir las cosas sin llamarlas por su nombre. Por ejemplo cuando, al delito de profanación de tumbas, el Alcalde de Machala lo llama “exhumación de cadáveres”, y dice “solidaridad” cuando debe responder por qué, como principal autoridad de su ciudad, no encendió las alarmas a tiempo.
El hecho es que después de los espantosos hechos de Machala, la TV ha ido a recoger los pedazos. Y lo que muestra es abrumador. Todos y cada uno de los actores que debían actuar a tiempo, tiran la pelota y miran para otro lado.
Porque no digamos que esto tomó a alguien por sorpresa. Cuando murió el notario Cabrera, las cámaras ya estuvieron frente a la oficina del difunto para ver qué sucedía. Pasaron como si nada, aunque todo el asunto era muy raro. Más tarde, en las páginas de los diarios se reveló la enormidad del timo y su ilegalidad.
En las pantallas nada se dijo, nada se comentó, hubo silencio porque “los depositantes” habían empezado a recibir de nuevo sus cheques mensuales.
Pero era cuestión de tiempo. Después de que en Machala estallaron las cosas como estallaron. Después de ver las vergonzosas imágenes de policías y militares saqueando una oficina y de una muchedumbre dedicada al macabro acto de profanar tumbas, exhibir y tocar la nariz del cadáver, ahora sí se comienza a debatir sobre la inacción de la autoridad y la falta total de controles.
Recién en las pantallas se empieza a preguntar lo que desde el principio debía indagarse: ¿Qué tipo de negocio tenía el notario para que pueda pagar intereses mensuales del 8 al 10 por ciento?
Jugando al doctor y con microonda
Y es tan macabra, tan increíble la dimensión de la estafa (¿70 millones?, ¿100 millones?... 470 millones leyó Carlos Vera en un mensaje a su celular) que la mayor parte de las televisoras decidió guardarse las más espantosas imágenes de la barbarie. Incluso TC –que en otras circunstancias emitió el linchamiento de un hombre en Quinindé– no transmitió las peores tomas.
Pero en la más evidente muestra de cómo ha asumido la bandera insignia del sensacionalismo, RTS (el antiguo y familiar Telesistema) emitió esas imágenes sin ningún pudor.
El “efecto contagio” que decíamos. Porque hay que ver el poco respeto que demuestran para la vida y la salud de las personas, para que en ‘Vamos con todo’ se monte un show con un mareo que tuvo Oswaldo Segura, al extremo que se destacó una microonda para alarmar y teatralizar desde la clínica, para finalizar con una entrevista al sonriente conductor; cómplice en el indignante juego.