La maravilla de las palabras es que muchas veces tienen más de un significado, y esos dos significados con ser muy distintos y hasta contradictorios pueden describir con precisión algo. La palabra “plástico”, por ejemplo, puede aplicarse a todo lo que tiene que ver con la belleza, pero también adquiere la connotación y califica cuando algo es por demás artificial y finalmente desechable.
El convertir a las cirugías plásticas en una moda, cabe perfectamente en todos esos campos. Tiene que ver con la belleza, pero también se transforma en sinónimo de frivolidad, artificialidad y finalmente, en algo desechable. Lo terrible es cuando ese concepto de ser desechable, no se refiere a un objeto sino a las personas.
Todos aquellos que son “feos” o incluso que siendo “lindos” deben someterse a las cirugías estéticas para estar “in”. Toda esta pavorosa filosofía de vida, la expresó (por supuesto, sin que pretendiera ninguna profundidad) Sharon en una entrevista con Francisco Pinoargotti en Cable Deportes: “Mis senos son naturales. Tengo un truco para alzarlos, pero ahora que está de moda, sí voy a operarme las chichis”.
Y es que los programas faranduleros se han convertido en los principales propagadores de esta “moda”. No solo es el hecho de que los temas de conversación giren en torno a quién se hizo qué operación en qué parte de su cuerpo. La cosa va más allá: recordemos que en la búsqueda de la Paloma nacional (¿¿¿???) se premiará a la afortunada con una ¡cirugía plástica!
¿La televisión cambia tu vida?
En ese contexto, la versión de ‘Extreme makeover’ que transmite Teleamazonas diariamente después de su noticiero nocturno es incompleta y peligrosa: solo se ve el lado “glamoroso” de los cambios de imágenes. En la versión original de este reality se podía ver, con más detenimiento, el profundo sufrimiento que significan las radicales transformaciones. Y ello, incluso, está mucho más detallado en una serie de reportajes emitidos por la Discovery Networks.
Recordemos, además, que una versión de ‘Extreme makeover’ se montó en Canal Uno con el nombre de ‘Cambio extremo’ y bajo la conducción de Marián Sabaté.
En cada uno de los casos citados, se parte de una premisa que en un principio puede ser válida, pero finalmente es falsa o por lo menos incompleta: una transformación estética cambia la vida de las personas.
En un principio puede aparecer así, pero luego, ¿cuánto cambia, en realidad? Pero, la promesa crece y crece, se propaga hasta ser una moda y convertirse en un perverso: “la televisión cambia tu vida”.