Jueves 10 de noviembre del 2005 La caja

Una visión externa

Decenas de mensajes indignados se recibieron en esta columna durante todo el día de ayer (Muchas gracias). La indignación era general y la proclama unánime: los ecuatorianos no queremos telebasura.

Entre las cartas hubo una, especialmente significativa, que me permito reproducir porque da luces y contextualiza internacionalmente el momento que pasa la TV ecuatoriana. Se obvia el nombre del remitente porque así lo pidió.

“Mi nombre es XX XX y soy periodista y productor de televisión. Y sí, a la gente le encanta la telebasura, pero no solo en Ecuador sino en todo el mundo.

“Le escribo desde Miami, donde produzco un programa de mucha difusión en América Latina. Lo que nosotros hacemos es realmente una cruzada porque tenemos la osadía de tener una propuesta inteligente. Y voy a pecar de infidente: este programa se distribuye a los canales de manera gratuita y aun así ha sido un poco difícil posicionarnos en algunos países porque los canales viven pensando en el rating.

“Y claro, la telebasura da rating y da dinero y por eso la opción más fácil es cambiarse al lado oscuro. Hubo una vez un caballero que fue un gran periodista, que ganó no uno sino dos premios Pulitzer y que por último fue electo en su ciudad natal como dignatario público. Pero, ¿sabe dónde cobró notoriedad y ganó millones? Haciendo el programa más asqueroso de la televisión gringa. Se llama Jerry Springer, y si nunca ha escuchado de él más vale que investigue un poco para que vea lo bajo que se puede llegar.

“La nuestra es una telebasura criolla, afortunadamente marcada por las limitaciones del talento y la producción nacional. Afortunadamente los ‘Buenos Muchachos’ no cuentan con un satélite o un equipo de diez cámaras y ocho productores como el ‘Show de Oprah’.

“Además son meros imitadores. ‘Vamos con todo’ es una franquicia de Televisa. En Ecuador se copia desde los nombres hasta las pistas musicales... es vergonzoso. Y en ese tránsito de la piratería de cocina, el talento de pantalla no llega a improvisar ni las más mínimas cuotas de creatividad y/o decencia.

“Por supuesto hay excepciones, pero tal como le decía al principio este es el camino más fácil, más barato y más rentable. Siempre será más fácil destruir que construir y siempre es más práctico inventarse un chisme, copiar un formato o mentirle a la gente.

“La gente consume lo que le dan, pero es un tema de responsabilidad de los medios que deben o deberían ofrecer un tipo de televisión distinta. Cada uno debe trabajar por su país desde donde esté: usted desde su columna, diciendo lo que tiene que decir de manera constructiva (lo hace bien, felicitaciones) y los dueños de los canales desde las políticas de programación. Y si se inclinan por la telebasura, que al menos intenten compensarlo de alguna manera con programas limpios, constructivos e inteligentes que contribuyan a formar una identidad más sana y sólida, y que no intoxiquen culturalmente al país”.

La caja

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