Viernes 04 de noviembre del 2005 La caja

Y usted, ¿ya tiene el miedo aviar?

El producir miedo siempre será efectivo y para algunos sectores hasta un buen negocio. O si no escuchen a Eduardo González, principal presentador de ‘El Noticiero’ de TC decir: “Pese a los casos de gripe aviar registrados en Colombia, el consumo de pollo en los restaurantes de Quito no ha disminuido, lo que evidencia la ignorancia y la falta de temor de la población”…

Palabras, ante las cuales me pareció estar ante un púlpito con unos nuevos predicadores del desastre diciendo: Impíos tengan miedo, nosotros los mediáticos poderes hacemos todo lo posible para que tiemblen del temor.

Y no dejan de hablar de pandemias y de los cinco patos silvestres canadienses agripados… Si nos sirve de consuelo, el sensacionalismo con plumas no solo es patrimonio de nuestra televisión. Hay que ver los noticieros de la TV española, para darse cuenta que la producción de miedo es un gran negocio global. Esta vez con algo que por ahora solo es una amenaza potencial, nada más.

Entonces, resulta enternecedora o por lo menos limitada la campaña pública de comunicación que lanza el Ministerio de Salud, secundada ahora por los productores avícolas. Grandes espacios de periódicos, cuñas de radio y TV donde predomina la imagen del Ministro de Salud y bajo el sugestivo título de ‘la influenza aviar’ (es decir con los sofisticados términos médicos que seguro entendemos todos).

La autoridad habla: coma pollo
No hay ningún peligro en comer pollo, nos dice la campaña. Y la forma de decirlo es interesante: El gesto adusto del Ministro (o sus antecesores) ante el escritorio. Nada más. Hay dos formas de interpretar una campaña así: la autopromoción y el culto a la personalidad a la que son tan afectos nuestras autoridades y políticos o, una más inquietante: el que se siga pensando la comunicación pública oficial en términos de un paternalismo lacerante, pero al mismo tiempo, ingenuo. En este caso, nos quieren hacer creer que basta con que lo diga el señor Ministro (o sus antecesores), el “Doctorcito” (de las viejas novelas indigenistas), para que la población abandone los miedos propagados por la pantalla y comience a comer pollo como si nada.

¿Cuánto cuesta una campaña tan poco imaginativa? No sabemos. Pero sean uno o cien mil dólares, está claro que ante una masiva campaña mediática basada en algo tan efectivo como el miedo (con amenazas tan siniestras como los patos silvestres y los pajaritos migratorios), la contracampaña –en especial la televisiva– es poco menos que un tiro al aire.

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