¿Un niño de digamos 12 años es culpable si un corpulento atleta de algo menos de 30 años lo agrede? Según el criterio de Roberto Ómar Machado, narrador “mundialista” de Teleamazonas, sí. No solo eso: el niño no solo fue culpable de haber provocado al jugador de fútbol y haberse ganado el golpe sino de mucho más…
Fue el domingo, minuto 40 del segundo tiempo en el Barcelona vs. Deportivo Cuenca. El partido estaba 3-2 a favor del equipo local. El Cuenca pugnaba con esperanzas de empatar y todos sabemos el apuro que tiene un guardameta cuando su equipo va perdiendo; ese fue el caso de Klimowicz: El pasabolas le entrega el balón para realice el saque de puerta, pero en eso retorna a la cancha una pelota que antes había rebotado en las mallas de nylon que dan hacia los graderíos del sector sur. La mala fortuna hizo que este segundo balón cayera cerca de ese otro que el arquero argentino iba a impulsar para reiniciar el partido.
El arquero pensó que era el niño quien lo estaba molestando: recogió la pelota con sus manos, retrocedió cuatro pasos y lanzó con su brazo derecho el balón hacia el rostro del menor causándole algunos cortes en la cara. Tan evidente fue la mala intención que el árbitro del partido expulsó instantáneamente al agresor.
Los agresores y sus justificadores
En Teleamazonas estaban en medio de una tanda publicitaria. Al regresar, Alfonso Laso advirtió de la expulsión, pero Roberto Machado se puso a criticar al ¡equipo local!: “Siempre pasan estas cosas en el estadio de Barcelona, unas veces los camilleros, otras veces los pasabolas, hasta cuándo dejan de lado el fair play” y otras cosas por el estilo.
Tanto fue el disparate que en Guayaquil, Patricio Cornejo replicó criticando al agresor del niño, con algo de sensatez: “así el menor haya hecho una travesura no era pretexto para que un hombre mayor, y suponemos más maduro que un niño de 12 años, lo agreda”.
A los extremos que llega el fanatismo en el fútbol (en este caso el antibarcelonismo). Aunque las circunstancias no indican con claridad que así haya sido, admitamos que el pequeño pasabolas tenía una consigna por demorar el juego e incluso molestar al arquero del Cuenca; ¿justifica eso la agresión de un adulto a un niño? ¿Pueden unos periodistas, a pretexto de algo que ellos consideran los “antecedentes antideportivos” de un club o de un estadio, dar por buena una agresión pública a un menor?
Si es así: ¡en qué mundo estamos! Falta lo peor: Roberto Omar Machado –periodista del equipo mundialista de La Tri– remató con un corolario de vergüenza: “todo este bonito partido se dañó por culpa del pasabolas”.