Es el espacio comodín de Ecuavisa. Los huecos de programación se los llena con ‘Doraemon’, antiguamente conocido como ‘El gato cósmico’, nombre que se perdió con la última voluntad de uno de sus creadores, Fujimoto Hiroshi.
Algunas madres escriben a esta columna preocupadas porque encuentran que las pataletas, lloros y torpezas de Tobita, el niño protagonista de la serie, influyen en el comportamiento de sus propios hijos. Aún no existen estudios concluyentes que comprueben si la influencia de la TV llega a ser tan decisiva que puede modificar radicalmente los comportamientos infantiles.
Lo que sí han señalado muchos expertos, es el hecho de que las mentes más infantiles (menos de cuatro años) no están preparadas para separar la realidad de la ficción e incluso no pueden entender bien la naturaleza de ciertas metáforas o hipérboles publicitarias. Lo cual es interesante: muchas veces es más dañino para la formación del niño el ver ciertas cuñas publicitarias sin la guía de un adulto… Un padre me contó en una ocasión que su hijo de tres años le dijo que “quería comer clavos y tornillos”. Él no prestó atención a tan sui géneris petición hasta que vio el spot aquel donde una pareja come tornillos, tuercas y clavos y bebe aceite, todo para promocionar un medicamento para el hígado…
Las pataletas no son un modelo
Regresemos a ‘Doraemon’. Esta serie animada japonesa o animé, cuenta una historia de ficción sin mayor complejidad: todo comienza cuando en la vida de Nobita Nobi aparece un gato azul sin orejas, que sale de su escritorio y se come su desayuno. Este gato, ‘Doraemon’, resulta ser un robot, el cual ha sido enviado desde el futuro por el tataratataranieto del niño, el cual vive en el siglo 22, sumido en la más absoluta pobreza por culpa de los errores cometidos por Nobita.
Así que la misión del gato es ayudar a Nobita a corregir estos errores, pero esta tarea no es nada fácil. ‘Doraemon’ tiene un bolsillo de cuatro dimensiones conectado al futuro, del cual saca todo tipo de objetos. Con estos inventos intentará cambiar el futuro de Nobita y de esto se trata toda la serie. Las historias son bastante predecibles, pero entretenidas. Nobita –un mal atleta y peor estudiante, vago y acosado constantemente por niños abusadores– suele salir llorando y pidiendo a ‘Doraemon’ algún aparato para vengarse o para arreglar sus problemas en general. Sin embargo, Nobita siempre se mete en más líos.
En definitiva, pese a su popularidad, es una de las series de dibujos animados japonesas menos creativas y por supuesto Nobita no es un modelo de comportamiento para nadie. Probablemente, el papel de los padres sea dejar muy en claro este punto. En conclusión, una serie para estar alerta.