Martes 25 de octubre del 2005 El País

Erupción en Isabela atrae a los turistas

PUERTO VILLAMIL, Galápagos | Juan Manuel Yépez, redactor

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PUERTO VILLAMIL, Galápagos.– Los ríos de lava que emana desde el pasado sábado el volcán Sierra Negra pueden ser observados desde un mirador ubicado en el sector de El Cura. El fenómeno atrae la atención de los turistas.

El Municipio coordina la salida de vehículos para que los visitantes aprecien este fenómeno.

La lava incandescente que emana de una de las bocas del volcán Sierra Negra, ubicado a 45 kilómetros del cantón Puerto Villamil, en la isla Isabela, iluminó la mañana nublada de ayer, ante la fascinación de dos guías turísticos y un equipo periodístico de la cadena de noticias BBC de Londres (Inglaterra).

Aunque a ratos la espesa neblina no permite visualizar en el cielo la intensidad de la ira del volcán que inició la tarde del sábado anterior, esta no puede esconder los cinco ríos de lava que incineraron la salvaje vegetación de la caldera (que tiene diez kilómetros de diámetro).

También sorprende el espectáculo de juegos piroplásticos que se apreciaban desde el único mirador dispuesto para los visitantes, localizado a una hora a pie y a media hora a caballo desde el sector conocido como El Cura, ubicado a 16 kilómetros de la población de Puerto Villamil.

El ascenso de delegados del Parque Nacional Galápagos, periodistas, miembros de la Defensa Civil y de la Subsecretaría de Salud, desde Puerto Villamil hasta el mirador de la caldera, inició a las 09h30 (10h30 hora continental).

Óscar Carvajal, jefe (e) de la Oficina del Parque en Isabela, se mostró cauto en su apreciación. “Entiendo que la situación está tranquila, pero voy a esperar noticias del Geofísico. Aún no pueden subir a verlo”, repetía a toda persona que le preguntaba por el fenómeno.

Todos hablan del ahora famoso Sierra Negra. En español, alemán e inglés. En las humildes casas multicolores, en las tiendas de víveres y de accesorios de buceo, en las calles de tierra y parques llenos de algas y helechos, en todos los rincones donde conviven los 2.000 habitantes de Puerto Villamil.

Incluso el alcalde de Isabela, Pablo Gordillo (PSC), contrató buses para trasladar cada dos horas a los curiosos para que observen al coloso de 1.100 metros de altura.

Entre los más alarmados por la erupción estaban los dos policías que custodian el sector cercano al volcán. Sus rostros reflejaban cansancio y miedo; “anoche (sábado pasado) no pudimos dormir porque hubo muchos temblores. Nos asustamos y  dormimos afuera de la casa”, contaba el agente Juan Carlos Encalada con la aprobación de su compañero Johnny Aguinda.

El camino a El Cura es pedregoso y su geografía se torna difícil. En el trayecto se observa la vegetación que arde por el fuego de la tierra.

Los ingleses preparan sus tiendas de campaña para pasar la noche observando la actividad del volcán. Los demás emprenden el regreso.

Los 20 habitantes de la parroquia Tomás de Berlanga no fueron evacuados, ni siquiera el ganado de las haciendas ubicadas en las faldas del volcán.

En Puerto Villamil todos piden al Sierra Negra que traiga prosperidad y bendiciones a esta tierra que se resiste a la modernidad por amor a la ecología.

El País

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