En la “justicia” medieval o del Wild Wild West, dos de las herramientas principales eran la advertencia y el escarnio público. Para “matar dos pájaros de un tiro”, cuando se ejecutaba a algún convicto de crimen grave, su cadáver era colgado de algún poste en la plaza mayor de la ciudad: todos los habitantes lo veían y los potenciales criminales estaban al tanto de lo que les esperaba.
Eran los tiempos de los Señores y los Siervos. En tiempos modernos, las cosas cambiaron por una cuestión esencial: por primera vez se reconoció que el ser humano tiene derecho a ser un individuo, no solo parte de una masa. La expresión mayor de eso es la declaratoria que hacen invariablemente todas las constituciones sobre esos derechos que tenemos todos, con solo ser personas “naturales”.
Mil disculpas si me he puesto denso y legalista, pero es que vale la pena entender una cuestión: hoy, al ser reconocidos como individuos, tenemos potestad sobre nuestra vida, pero también sobre nuestra muerte. Uno de los logros de la humanidad en esta época es que, justamente, se reconoce a la muerte como un acto íntimo. Aun en aquellos países modernos donde está en vigencia la pena capital.
¿A qué viene todo esto? El pasado lunes 17 de octubre en ‘El Noticiero’ nocturno de TC Televisión y en la emisión matutina del 18, emitieron sin ningún pudor ni alguna consideración, las imágenes del linchamiento al acusado de un crimen pasional en Quinindé, provincia de Esmeraldas. Con esa emisión se violaron los más elementales derechos, tanto de los asesinados en pantalla, como de los telespectadores.
En suma, estamos ante una de las mayores perversiones vistas por televisión. Pues, no solo trató de ejercer como ejecutora de la justicia sino que se convirtió en un instrumento vengador. Y todo eso sin que les importe un comino la sensibilidad de los televidentes ni el hecho de que a las 19h30 o a las 07h00 estén muchos niños acompañando a sus padres en lo que debiera ser el “inocente” hecho de ver noticias.
El segmento de Crónica Roja de ‘El Noticiero’ está jugando a ser la nueva plaza mayor del pueblo donde se exhiben los cadáveres que la venganza popular pone a su paso. Es el mismo principio: la muerte para esta clase de TV no es un acto íntimo sino un hecho para ser exhibido como escarmiento y advertencia. El principal periodista de Crónica Roja de este canal, Jonathan Carrera, actúa como narrador y justificador, o mejor dicho como sacerdote oficiante de tal despropósito.
Vamos a los hechos: en el barrio 8 de Junio, de la población de Quinindé, se encontró el cadáver desfigurado de Mercedes Venus Valencia, quien al parecer fue asesinada a machetazos por su conviviente, un sujeto llamado Rafael Mejía Ortega. Alguna gente decidió tomar venganza y persiguieron al supuesto asesino hasta un centro de rehabilitación para alcohólicos y drogadictos. El presunto criminal intentó escapar saltando por un muro y tirándose al río, pero sus verdugos lo esperaron en la otra orilla. Cuando Mejía Ortega llegó, lo atacaron con palos y piedras.
El presunto asesino comenzó a sangrar mal herido y, desesperado, se lanzó nuevamente al río. No llegó muy lejos: piedras enormes se le arrojaron a la cabeza hasta que fue asesinado. No es todo: los linchadores sacaron el cadáver desnudo del río y lo arrastraron con una cuerda por las laderas hasta llegar a la población. Una vez en Quinindé se lo paseó por las calles hasta que los miembros de la Policía, quienes permanecieron como espectadores del crimen, decidieron recuperar el cadáver para subirlo en el balde de una camioneta e irse.
Jonathan Carrera al principio de la emisión guarda compostura (“Amigos, lo que verán a continuación son imágenes bastante fuertes y es que a veces la ira popular desborda toda lógica y cordura”). Es un espejismo de pura formalidad. Al segundo siguiente ya está justificando el linchamiento: “Tan grande fue la saña del criminal en contra de la víctima que generó igual respuesta por parte de la gente que, tras seguirlo por toda la población, lo asesinó a piedrazos”.
Luego, como cualquier locutor deportivo se entusiasma y comienza a comentar: “Piedrazo a piedrazo, el río Blanco se tornaba magenta y la sanguinolencia se dejaba ver en cada gota del río que atestiguaba la furia popular. (En ese instante se ve cómo cae una pedrada fatal). Solo falta el ¡gooooool! del macabro relator.
Continúa Carrera: “Del agua a la orilla y por entre las piedras arrastrado, el cuerpo adolorido era vejado, insultado y a piedrazo limpio recluido otra vez al agua y de ahí arrastrado de nuevo a la orilla como si fuera un enorme pez que a palazos dejaba la existencia en la borrasca informe de su destino”. “Y el cuerpo otra vez al agua y cada vez que sale a respirar recibía los piedrazos que acababan con la fuerza y la existencia” (en la pantalla se ve otra piedra enorme que cae en el cráneo del linchado). Otro “¡gooooool! del periodista funerario.
A estas alturas, ejerciendo las veces de un típico relator que debe transmitir el juego de su equipo (el de la muerte, en este caso), Carrera ha perdido toda compostura y se dedica a justificar todo: “¿Logrará escapar de su tormento, ganado con cada machetazo que a su mujer propinó horas antes? La pregunta era respondida con un no rotundo que a su cuello se aferró en forma de una cuerda…”
Queda claro, que el reportero da por asumido que el linchado es el asesino, aunque ningún juicio y ningún juez lo hayan establecido. Solo está la ira de una parte de la población de Quinindé, aunque contradictoriamente en el generador de caracteres del canal se describe a lo sucedido como un “linchamiento a presunto asesino”.
¿Presunto asesino? No para Carrera. Así, es muy significativo que en el video se hayan deformado las imágenes de los testigos o ejecutores del linchamiento, mientras los cadáveres de la mujer asesinada y del sujeto linchado son mostrados con total desparpajo.
Pero surge una última pregunta: ¿Cómo pudo un equipo de TC Televisión estar tan oportunamente en un lugar para nada habitual en las coberturas noticiosas como es la población de Quinindé? ¿Fueron telépatas para averiguar que iba a ver un crimen y luego un linchamiento? ¿Les avisaron apenas comenzaron los hechos y se trasladaron en un superjet? La respuesta más lógica es que no estuvo ningún equipo de TC Televisión, sino que alguno de los linchadores (testigo o cómplice) entregó al canal el video. Nunca se aclara dónde salieron las imágenes.
¿Entonces qué? ¿Se ha llegado a un punto en que cierta gente llama a la TV para cometer un crimen colectivo segura de obtener la cobertura debida? O, ¿es qué existen periodistas y noticieros que no dudan en instrumentalizarse como aquellos viejos postes de las Edad Media donde se exhibían los cadáveres? En cualquiera de los dos casos, más bajo no se puede ir.
 |
|
| Las imágenes de un linchamiento producido en Quinindé (Esmeraldas) fueron transmitidas con total sangre fría por los noticieros de TC. Jonathan Carrera, el reportero especialista en Crónica Roja, justificó la acción de salvaje ajusticiamiento. La pedrada con la cual se remata al linchado fue emitida durante tres veces en el mismo reportaje y luego se pasó todo el trayecto del cadáver desnudo por las calles. Finalmente, se protege la identidad de los testigos o posibles linchadores con una distorsión de la imagen, ¿Esa fue la condición para entregar el video al canal? |