“¡Adriana, levántate; hija, despierta, no me dejes sola, yo nunca te iba a dejar, levántate por favor, tú no tenías que dejarme!”, repetía insistentemente Doris Loor Vargas mientras las lágrimas no dejaban de correr por su rostro.
La desconsolada mujer no podía creer que el cuerpo sin vida de su hija, Adriana Fernanda Loor Vargas, quien recién el pasado miércoles había cumplido 20 años, se encontrara en el departamento Médico Legal de la Policía.
Según recordó su progenitora, Adriana había salido de su domicilio, ubicado en las calles 23 y la S (suburbio de Guayaquil), la noche del pasado sábado, para dirigirse, cuadras más adelante, a la casa de una amiga de nombres Gisella, quien le había preparado una reunión por su onomástico.
En el lugar, según Loor, su hija y demás amigos habrían estado ingiriendo licor hasta altas horas de la madrugada. “Alguien fue a mi casa a las 06h40 a decirme que mi hija tenía un disparo en la cabeza”, decía la mujer.
Según averiguaciones de Loor, Adriana había estado conversando con sus amigos, entre ellos la pareja de Gisella (del que desconoce su nombre), quien sacó un arma de fuego “ahí él le disparó, según lo que dice la gente es que se le ha escapado el tiro pero yo no sé qué pensar”.
Luego de ocurrido el hecho quienes se encontraban en la fiesta se retiraron dejando abandonado el cuerpo de la joven. “Yo llegué y mi hija estaba tirada en el piso, no había nadie que me ayudara”.
La víctima fue trasladada por su madre hasta el hospital Guayaquil donde llegó sin vida debido a las graves lesiones en el cerebro que le causó el impacto de proyectil.
Adriana Loor Vargas cursaba el tercer año del colegio Juan Montalvo.