El síndrome de Ulises es la última obra del escritor colombiano Santiago Gamboa. Una novela que incorpora las anécdotas de un joven latinoamericano en el París de los 70 y 80.
Santiago Gamboa ha contado finalmente la historia de un inmigrante muy particular, el joven intelectual latinoamericano en París. Y lo ha contado “tal como sucedió”, por tanto, con un relato en el que pesa de manera contundente la anécdota, la pura anécdota.
Así es como El síndrome de Ulises se abre con una que ya se ha hecho emblemática: el latinoamericano que entra al supermercado, oculta en su cuerpo un paquete de carne que comienza, por los pasillos del local, a sudar sangre, desde la cabeza o desde los pantalones.
¿Cuáles son las imágenes simbólicas del latinoamericano en el París de los años 1970 y 1980 (porque ya Julio Cortázar se ocupó de las dos décadas anteriores)?
En primer lugar, la miserable buhardilla separada del inodoro por un corredor helado, y en la que el aprendiz de escritor rumia cada sorpresa hasta que, pasados los meses, le asalte el tedio y se ponga a escribir.
Por fuera del cuartucho: los almuerzos en las bandejas metálicas del restaurante universitario de Mabillón; los amigos generalmente árabes, africanos o asiáticos; las relaciones con Francia simplificadas en los amores ambiguos con alguna francesa curiosa y atraída por el ”gramour tropical”, y que igual se siente hipnotizada como acosada por un desconocido del Tercer Mundo; el baño semanal como un rito en alguna ducha pública; el encuentro con la prostituta coreana a la que el joven escritor latinoamericano acompaña en sus noches de oficio; la burguesita de Bogotá, de Lima o de Quito, que construye, al fin, su vida independiente entre el amor sin ataduras, las lecturas de Onetti y hasta de Tahar Ben Jallum, el juego gratuito de la prostitución, el hashish y el encanto del barrio latino; la experiencia de acostarse por primera vez con una musulmana; o el trabajo lavando platos, cuidando en la noche la portería de un hotel de dos estrellas o dando clases en un español con acento colombiano.
Y por fin, el encuentro fortuito con algún escritor del boom (a Gamboa le ocurre con Julio Ramón Ribeyro) y la orgía apenas descifrable en el departamento de alguien a quien se acaba de conocer y la que se abandonará en la madrugada, bajo la lluvia y cerradas las estaciones del “metro”.
París es, finalmente, un laberinto que se descifra entre sorpresas y noches amargas, como aquella que relata Gamboa cuando a su amigo magrebí la policía le arrojó los documentos a las rieles electrocutadas del tren urbano, retándole: “Perro árabe, si no quieres que te deportemos, salta y recógelos”.
Dos ingredientes quieren marcar un matiz: una historia un tanto policial que atraviesa la obra –y Gamboa la introduce, hábil narrador, para que el resto no desmaye– en torno a la misteriosa desaparición de un inmigrante colombiano jugador de ajedrez y trabajador de la construcción, asiduo visitante de un bar gay; y el hecho de que todos los personajes, con excepción de la curiosa francesa y las latinoamericanas ricas, están, de alguna manera, marcados por la intolerancia del poder.
Los asiáticos vienen fugando de la violencia y la arbitrariedad de sociedades doctrinarias y patriarcales y experimentos políticos devastadores; mientras los latinoamericanos generalmente son –igual en los anecdotarios de los años setenta como ochenta– refugiados que han abandonado las filas de alguna guerrilla, en ocasiones imaginaria. Para el caso de Gamboa, están el M-19 o las FARC.
Apenas si asoma el aprendiz de escritor, aquel que, en palabras de Santiago Gamboa (o del personaje Santiago Gamboa, pues la novela parece moverse entre el testimonio y la imaginación caliente) “hay que alejarse para escribir, irse al otro extremo del mundo, observar de lejos”. Algo que consagró Cortázar cuando confesó que para descubrirse latinoamericano fue necesario irse a París.
Narrada en primera persona, el protagonista está construido como un personaje/colector en el que desemboca todo el resto de personajes con sus caprichos y tragedias; pues, será por igual el cuerpo en el que se materialicen los caprichos sexuales de la burguesita bogotana, como el vigilante de las cenizas de su compañero de oficio en el inframundo.
De estructura simple, El síndrome de Ulises se acompaña bien con un fin de semana libre.
El síndrome de Ulises es la quinta novela del colombiano Santiago Gamboa (nació en 1965), una de las figuras de la nueva generación de escritores colombianos que está alcanzando un éxito particular. A esta última, le anteceden Páginas de vuelta (1995), Perder es cuestión de método (1997), Vida feliz de un joven llamado Esteban (2000), Los impostores (2002) y un libro de viajes Octubre en Pekín (2001).