Oye Marta, ¿escuchaste bien lo que te dijo, o no escuchaste bien, o quieres que te lo aclare?
Marta: Repítamelo, por favor.
Maritere: Perfecto, él lo que ha venido a decir en el programa es que tú eres demasiado celosa…
Marta: Sí, yo soy celosa. ¿Y?
Maritere: Que tú no quieres que vea a su hijo. Y es más, nos ha venido a decir que quiere regresar con María.
Marta: Regresar con esa. Si es que yo le permito (se dirige a un tipo que está sentado en el centro). Tú no me vas a dejar. Solo si yo te dejo, pero él a mí no me deja…
María: Sí, él quiere regresar conmigo... (Hace un amago de levantarse, pero parece recibir una señal de que aún no).
Mientras tanto, desde el público, comienzan a insultar a Marta. Ella responde: “Tú no te metas. Tú qué sabes, tú qué sabes”.
Y ahora sí, María se lanza a tomar de los pelos a Marta. El público grita y delira.
Invariablemente así llegan a su clímax los talk shows de Maritere. Como se revela en el diálogo que transcribimos, la conductora peruana hace todo lo posible para picar a sus invitados y llevarlos al enfrentamiento. Porque bien se puede decir que este programa tiene una narrativa, es decir una estructura como la de cualquier melodrama, cuento o serie de ficción.
Partamos de este punto. En un artículo publicado este jueves 13, ya se analizó la dudosa veracidad de este tipo de programas. Además, los antecedentes sobre trampas, participantes pagados y que mienten, de invitados que siguen instrucciones de la producción y otras triquiñuelas en los talk shows de la TV internacional son muy numerosos. Probablemente, el caso más paradigmático de estas perversidades sea el de Laura Bozzo (‘Laura en América’, que se sigue transmitiendo cada tarde en RTS), quien estuvo presa por sus vinculaciones con Vladimiro Montesinos y a quien se le comprobó una serie de falsedades en su programa. En el caso de Maritere, si se presta atención a la estructura narrativa bien se puede fundamentar dudas sobre su veracidad, pero se podría ir más allá hasta inmunizarnos contra las imágenes y los discursos nefastos que se emiten.
Comencemos por los personajes. Los invitados calzan en tres tipos básicos: “la víctima”, “el villano” y “el objeto del deseo”. Maritere cumple un papel de mediadora o jueza, pero de una forma muy especial: es la “heroína” del cuento. Quien va a restaurar la paz que se ha perdido y a impartir la justicia cuasi divina.
Otro personaje muy importantes es el público. Su papel es crear el ambiente para que “el villano” caiga y sea derrotado, que “la víctima” sea ensalzada y que “la heroína” triunfe una vez más.
Como sucede en cualquier melodrama; los personajes actúan en escenarios reales. En el talk show de Maritere (como en todo talk show) esto es muy importante. Los invitados se disponen siempre de frente al público y de la siguiente forma: el villano en el extremo derecho (de la pantalla), la víctima en el extremo izquierdo y el objeto del deseo en el centro. La “heroína” de pie y con el micrófono en mano, da la espalda al público; pero, ojo, esto es muy importante: no entre la gente, sino delante. De esa forma Maritere logra una conducción directa de las reacciones, sin necesidad de mezclarse; aunque eventualmente lo haga.
Pero, en el programa hay otra serie de recursos. Uno de ellos son los guardaespaldas. Dos y hasta tres tipos enormes, vestidos con camisetas negras están detrás de la “víctima”, del “villano” y del “objeto del deseo”. Su papel es clave, pues deben permitir que los personajes se agredan para luego separarlos. No pueden equivocarse: debe haber algún golpe, algún tirón de la ropa, un agarrarse de los cabellos, pero las cosas no deben pasar de un cierto punto.
Si los guardaespaldas cumplen el papel de aplacar el clímax sin apagarlo, entre el público están personas (casi puedo apostar que de la producción del talk show) que se encargan de incitar a la pelea y levantar los ánimos de camorra: es decir, son quienes deben llevar las cosas a los extremos que la conductora hipócritamente no los lleva. Si uno se fija bien, estas voces masculinas no tienen nada que ver con las viejecitas, mujeres y jóvenes perplejos que se pueden ver entre el público. La conclusión es obvia.
Todo cuento que se precie tiene un narrador. Ese papel lo cumple la misma Maritere. El programa se inicia justamente con la exposición del caso que se va a tratar ese día. Un corte y ya vemos a la “heroína” que ha tomado su papel y su posición delante del público. Entonces llama a “la víctima”. Realiza las preguntas precisas para que su condición de víctima esté plenamente justificada y el público haya establecido las debidas simpatías hacia ella.
Luego llama al “villano”. La entrada de este personaje es todo lo contrario: provoca al público y a la “víctima”. Se muestra desafiante y lanza frases incisivas. El público se revuelve inquieto y se escuchan las primeras voces insultantes. Maritere continúa con su repertorio: preguntas, juicios, comentarios e incitación al público. Cuando aparece “El objeto del deseo”, el ambiente está preparado para que la “víctima” (o alguien del público) se lance en contra del “villano” mientras que la gente en el set aclama el castigo que se inflige a semejante monstruo.
Manipulador y detestable, así son los talk shows del tipo Maritere. Pero la cosa es aún peor, porque en medio de todo esto se dicen perlas que a cualquiera lo dejan boquiabierto por su incorrección política:
Maritere: Tú dices que le ofreces mejor cocina, cama y casa. Pero, preguntémosle a él si eso es verdad. ¿Es cierto que Marta cocina mejor?
Tipo de mediana edad: Bueno, las dos cocinan igual.
-¿Y en el sexo?
-Igual.
-¿Y cuál te mantiene la casa arregladita y la ropa limpia?
-Bueno, al principio Marta…
-¿Pero, entonces, por qué dejaste a María?
-Es que estaba embarazada y Marta era más joven.
-Claro, claro… Ahora que ya no está embarazada, quisieras regresar con ella. ¿Verdad?
(Televidente: ¡Por favor, que algo o alguien pare este bodrio!)
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El talk show de Maritere tiene una estructura narrativa y un conjunto de estrategias como el de cualquier melodrama. El momento del clímax, invariablemente, es cuando los invitados se agreden físicamente entre sí o cuando alguien del público se lanza en contra de ellos. No es gratuito: todo en este talk show está pensado para conducir a ese desenlace. En las fotos, los tres momentos de violencia física en los programas emitidos el martes, el miércoles y el jueves.
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