"Pocos años atrás esta enfermedad que se caracteriza por una lesión de la membrana estomacal era considerada una patología crónica. Se trataba a veces con cirugía y podía derivar en un cáncer. Hoy se sabe que la produce una bacteria. Por ello, las nuevas terapias con antibióticos la curan en un 90 por ciento de los casos."
El estómago molesta, duele, parece arder. El dolor aparece unas horas, unos días y desaparece para volver a atacar dos o tres semanas después. Las noches suelen ser largas, con fuertes padecimientos abdominales que se alivian comiendo.
Esos síntomas, que caracterizan las úlceras estomacales, son padecidos por muchas personas. En Estados Unidos, por ejemplo, según el Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Diges-tivas y de Riñón, una de cada diez personas padecen esa enfermedad. Porcentaje que se repite en forma similar en el resto de los países.
Sin embargo, a pesar de esa estadística desalentadora, en los últimos años se han producido importantes novedades en el diagnóstico y tratamiento de esa enfermedad, que se caracteriza por una lesión u orificio en la membrana que recubre el estómago o el duodeno. Tiempo atrás los médicos creían que el estrés, el estilo de vida y la ingesta de alimentos picantes eran las principales causas de las úlceras pépticas y que se trataba de una enfermedad crónica. Por eso indicaban un tratamiento que consistía en hacer reposo y mantener una dieta blanda. Pero en 1982 dos investigadores australianos de la Universidad Perth identificaron una bacteria (la Helicobacter pylori) como la responsable de este padecimiento y establecieron que con antibióticos se podría curar la enfermedad.
Aunque tuvieron que pasar más de doce años para que la comunidad médica aceptara la validez de este descubrimiento, hoy ya se trata el 90 por ciento de las úlceras con antibióticos (el 10 por ciento restante está originado por otros factores). Además, gracias a este avance, la úlcera dejó de ser una patología crónica, que requería intervenciones quirúrgicas y que podía producir cáncer estomacal, y los dos investigadores, Robin Warren y Barry Marshall, ganaron el premio Nobel de Medicina de este año.
Así es que en la actualidad, ante la aparición de los síntomas de úlcera los médicos realizan diversos análisis (de sangre, de aliento y endoscopías) para de-terminar si la bacteria H. Pylori es la causa de la enfermedad. En la mayoría de los casos el diagnóstico es positivo, ya que se ha comprobado que esta bacteria es responsable de más del 90 por ciento de las úlceras duodenales y hasta del 80 por ciento de las gástricas.
Aunque todavía no se sabe con exactitud el modo de contagio, ha sido comprobado que una vez que fue contraída, la bacteria puede permanecer en el estómago durante toda la vida. Esto hace que entre un 10 y un 15 por ciento de las personas desarrollen una úlcera en algún momento de su existencia.
Una vez confirmado que la H. Pylori es la causa de la úlcera, el médico indica el tratamiento con antibióticos y otros medicamentos con el objetivo de matar las bacterias, disminuir la secreción de ácido gástrico y proteger el revestimiento del estómago.
Para ello en general se recetan antibióticos, supresores del ácido (bloqueadores H2, inhibidores de la bomba de protones) y protectores del revestimiento gástrico durante aproximadamente dos semanas. Con esta terapia triple se disminuyen los síntomas ulcerosos, se destruyen las bacterias y se evita la recurrencia de la úlcera en más del 90 por ciento de los pacientes.