El sábado se estrenó La Tri. El consorcio televisivo que conformaron RedTeleSistema, Ecuavisa y Teleamazonas para transmitir el Mundial de Fútbol. El despliegue técnico y humano incluyó coberturas desde el interior y exterior del estadio, otros puntos de la ciudad de Quito y desde las calles de Guayaquil, Cuenca y un coliseo en Manta.
Una de las curiosidades era mirar qué química se iba a producir entre los talentos de pantalla de los tres canales, competidores ayer, aliados hoy. Con cuatro horas de previas (la transmisión comenzó a las 12h00), hubo tiempo para mirar que los egos se canalizaron a través de un “¿quién sabe más detalles que el otro?”, y que hubo la voluntad para tratar de acoplar estilos fundamentalmente distintos como los de Vito Muñoz, Alfonso Laso, Marcos Hidalgo, Patricio Jarrín y Roberto Omar Machado.
La producción no estuvo exenta de problemas técnicos, algunos graves como el “ruido blanco”, que afectó al audio por unos minutos en la segunda mitad del partido. También se produjeron constantes descoordinaciones en el pase a publicidad y en el momento de dar salida a los reportes desde distintas partes del campo de juego donde estaban Carlos Luis Morales, Carlos Alfaro Moreno. De todas maneras, no es algo que no se pueda subsanar más adelante.
La angustia final
En realidad, la más grande falencia de La Tri fue el exceso de atención que se dio a los despliegues externos y el poco peso del comentario. En realidad, ninguno de los locutores y comentaristas que transmitieron el partido ofreció elementos que permitieran al televidente descifrar cómo habían planteado el partido las selecciones de Ecuador y de Uruguay. En cambio, la cabeza caliente los hacía pedir tarjetas y ver supuestos errores arbitrales que después Byron Moreno interpretaba de forma más equilibrada. Y el final del partido, gritando 30 segundos antes el pitazo del árbitro fue la forma menos digna de concluir la primera experiencia de una alianza televisiva de esa magnitud.
En cambio, la transmisión de Canal Uno tuvo su fortaleza precisamente en el comentario. El Bolillo Gómez dio densidad a la interpretación de lo que se estaba viendo en el campo de juego. Al final del partido, las entrevistas de Andrés Guschmer, también fueron más sustanciosas que el invariable: “¿Cuánta felicidad sientes?”, que planteaba Alfaro Moreno a los jugadores ecuatorianos.
En definitiva, sin bien la producción de La Tri no fue impecable, tampoco tuvo problemas mayúsculos. Sin embargo, deberán trabajar más en que los locutores y comentaristas del consorcio hagan el esfuerzo de leer los partidos de forma desapasionada y con perspectiva. Eso, que es básico, puede marcar la diferencia con la transmisión del Mundial pasado, que, recordémoslo, unánimemente fue criticada como un desastre.