Se me pregunta: ¿Lo que vemos es la TV que merecemos? Pienso en ello, mientras recorro el espectro televisivo y me invade la sensación de que gran parte de la TV ecuatoriana (las estaciones más grandes, por lo menos) sigue en su proceso de igualar a los televidentes por lo bajo y de llenar su programación con chatarra.
Las telenovelas van hasta la medianoche (hay amores que son tan edificantes que matan, por lo menos esa será la próxima apuesta fuerte de Ecuavisa) e incluso en la madrugada hay estaciones como Canal Uno que repiten los dramones. En TC Televisión estrenan Corazón dominado con el fin de exhibir los cuerpos de aquel grupito brasileño. Y para llenar el “vacío” ya importaron otro de los mismos: Factor X. Mientras tanto, ‘Maritere’ sigue haciendo de las suyas y en ‘Mi recinto’ se miente descaradamente al asumir que una lista aleatoria publicada por unos pésimos editores colombianos los reconoce como el programa 16 de la TV mundial.
Con la idea de que su papel es mirarse al ombligo, el gran tema de la semana para los programas de farándula fue si Mariela estaba más gorda que Gaby Pazmiño o a la inversa. Y en la misma línea de autobombo, Kiki Pérez anuncia ‘En corto’ que “hay matrimonio en casa ...”.
Esas grandes ausencias
La programación de gran parte de la TV ecuatoriana está encerrada en un círculo vicioso que parece no tener fin. Por eso cae y recae en los mismos vicios: el camino más fácil es el telenovelismo. Y a partir de eso, la comedia cuyo exclusivo recurso es el chiste procaz y la telebasura (talk shows, reality shows y espacios de chismes y farándula).
Lo terrible es que la mayor parte de la gente del país y de sus actividades queda por fuera de las pantallas. No existen espacios de peso y calidad dedicados a la cultura y el arte local (a veces, cuando los segmentos de farándula no tienen de qué hablar, se reseña alguna exposición o un concierto), turismo, los negocios (empresas, empresarios, emprendedores… ¿les suena?), mujeres (las profesionales, estudiantes y las que tienen otros horizontes), los niños, los jóvenes (la gran oferta para ellos son telenovelas tipo Rebelde way), las parejas.
Y no hablemos de cómo pasan por la TV las medianas y pequeñas ciudades del país (pero la población rural es objeto de burla en ‘Mi recinto’ y en ‘Vivos’). Plantear algo de ciencia y tecnología es ya una “exquisitez” impensable (pero superstición y seudociencias se reproducen como hongos o sino que lo diga Samira en Canal Uno).
¿Entonces, quién está en la TV? Fácil: el político escandaloso, el periodismo sensacionalista, los Ta’Dominado y las gorduras. ¿Esa es la TV que merecemos?