La menor se salvó porque la bala, calibre 38, ingresó por el pómulo derecho (rostro) y salió por la boca.
“Le dijo a mi hijita que iban a ser los únicos dos años que iba a cumplir y luego le disparó”, relató ayer Jazmín Basurto Flores, aún conmocionada por el ataque de Hugo Sosa Feijó en contra de su propia hija, a quien le disparó en el rostro, y luego se suicidó.
Basurto Flores explicó que su hija, la pequeña Fiorella, de dos años, lleva solo sus apellidos porque su esposo, de 64 años, no quiso reconocerla legalmente.
Tendida en la cama número 20 del hospital Francisco de Ycaza Bustamante (en Guayaquil) y con parte de su rostro desfigurado, permanecía, la mañana de ayer, Fiorella, quien lloraba por el dolor que le causa la herida que su padre le provocó tras utilizar un revólver calibre 38.
“Era el cumpleaños de mi pequeñita”, repetía insistentemente Basurto aún alterada por la acción de Sosa.
La mujer relató los dramáticos momentos que vivió, la mañana del miércoles pasado, en el interior de su vivienda, ubicada en el barrio Las Palmeras del cantón La Libertad. Basurto sostuvo que la discusión con su esposo comenzó esa madrugada cuando ella le pidió que “más que sea como regalo de cumpleaños para Fiorella le diera el apellido”.
“No sé por qué él no quería darle su apellido, a veces me decía que no tenía tiempo para hacer esos trámites ni dinero y ayer (miércoles) me quiso pegar por eso”, afirmó.
La mujer dijo que a las 06h00 cuando despertó para arreglar a su primer hijo y llevarlo a la escuela, se percató que su marido estaba ingiriendo alcohol.
“Él estaba sentado en la mesa, tomando, con el arma a un costado. Me vio y no me dijo nada, y yo me fui a dejar a mi hijo”, aseveró. A las 07h30 cuando retornó a su vivienda, indicó, Sosa no quiso dejarla ingresar porque “él se había encerrado con candado y me decía que yo no tenía ningún derecho en la casa, siempre teníamos peleas”.
Según Basurto, salió a buscar ayuda cuando vio a su marido asomarse por la ventana de su domicilio con la pequeña en brazos y con la pistola. “Salí a la carrera y busqué a la Policía para que lo desarmara”, acotó.
El subteniente de la Policía Judicial de la Libertad, Julio Abarca, quien comandó el operativo de rescate, manifestó ayer que trató de convencer a Sosa de que dejara en libertad a la niña “pero lo que él hizo fue ponerle el revólver en la cabeza y nos decía que si dábamos un paso la mataba”.
Abarca comentó que Sosa repetía insistentemente que prefería matar a su hija y luego matarse él antes de que viva con un padrastro. “Además, acusaba a su esposa de ser la causante de los problemas porque ella le había sido infiel y que por eso lo iba a dejar”, explicó.
Abarca dijo que diez policías junto a la juez de la Niñez y Adolescencia, Ana Tapia, trataron insistentemente y por más de tres horas de convencer al individuo para que soltara a la menor. “Él no entendía, estaba muy ofuscado”, añadió.
El oficial aseguró que cuando vio a Sosa ponerle el revólver en la cabeza a la niña dijo a sus hombres que tumbaran la puerta, “pero antes de que ingresaran le disparó a la hija y luego se disparó él en la cabeza”.
Anabelle Avilés, médico que recibió a la menor en el Hospital del Niño, manifestó que la pequeña llegó con graves complicaciones porque la bala entró por el pómulo derecho (mejilla) y salió por el maxilar superior (boca).
Un vecino del suicida, Jader Quiñónez, aseguró que Sosa era un “hombre tranquilo” y que “lo único malo era que siempre se oían discusiones, pero ese no era motivo para querer matar a su hija”.