Miércoles 05 de octubre del 2005 La caja

El maltrato cotidiano a los niños

El jueves 29 de septiembre, casi al cierre de ‘Televistazo’, se emitió una nota de Andrés López (uno de los más sobrios reporteros de Ecuavisa) sobre un nuevo observatorio de medios implementado por una ONG para monitorear el tratamiento de los temas relacionados con los niños en los medios de comunicación del país.

Alfonso Espinosa de los Monteros comentó la noticia de forma favorable y casi como un compromiso: “Los medios estamos obligados a respetar esos derechos de los niños”. Sin embargo, arduo trabajo tendrán quienes hagan el monitoreo, porque la situación en las pantallas dista de ser ideal.

No solo es el hecho de que se transmita programación nociva, de alto nivel tóxico para las sensibilidades y mentes infantiles. El asunto va más allá hasta llegar al más absoluto irrespeto a los más elementales derechos que tiene una persona y no se diga un niño: su intimidad, su imagen y su dignidad.

El fin de semana se produjo un grave accidente de tránsito en la Avenida Occidental de Quito. Algunas familias pobres se trasladaban en el balde de una camioneta que colisionó contra otro vehículo. El reportero de Ecuavisa, Freddy Barros, informó de seis heridos. Tres de ellos niños: las tomas de los menores heridos, en una camilla de hospital, no se hicieron esperar.

Tres niños más salieron ilesos. Uno de ellos, fue el “testigo” (¡¡¡!!!) que buscó el periodista para que contara el accidente. Es más, en la pantalla claramente se identificaba el nombre del infante. Lo llamaremos EG (para no caer en el mismo pecado de Barros), contaba con la mirada perdida y con voz quebrada lo que había podido percibir del accidente. Los otros dos menores permanecían sentaditos, en evidente “shock”… ¿Se puede pedir más irrespeto?

En el Código de la Niñez y Adolescencia se hace referencia cinco veces al Derecho a la Intimidad de los menores. Sin embargo, probablemente sea en el artículo 52 (Prohibiciones relacionadas con el derecho a la dignidad e imagen) donde más claro está la responsabilidad que atañe a los medios (en especial los audiovisuales) en la divulgación de imágenes de menores de edad.

No obstante, como muchas leyes en el país, el Código deja un resquicio: la posibilidad de una autorización “expresa” (así dice el Código) de los padres o de los menores de más de 15 años. En un caso como el que se relata, con los niños en “shock” o en la cama de un hospital, ¿alguien puede creer seriamente que esa autorización fue otorgada de forma consciente y meditada? Porque además la misma Ley dice que la autorización “solo la dará si no lesiona los derechos de su representado”.

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