Craig Barret no solo es el CEO (presidente) de Intel, la quinta compañía más grande del mundo; también es uno de los gurús más importantes del desarrollo tecnológico y la Nueva Economía. Un carismático señor que con sus decisiones puede cambiar la vida de un país. Costa Rica, por ejemplo… Luego que la fabricante de microchips instalara allí una planta, esa nación duplicó en un año su PIB.
Craig Barret estuvo en el Ecuador la semana pasada y mediáticamente pasó casi desapercibido. Mientras en las pantallas de TV asistíamos a los semanales escándalos y a los habituales dimes y diretes con respecto a la supuesta reforma política, Barret no fue entrevistado por ningún noticiero, ni siquiera se registró su presentación, en la que, por ejemplo, reveló que los costos de las telecomunicaciones en el Ecuador son las más altas de la región y por lo tanto un serio problema para un cada vez más lejano desarrollo tecnológico del país.
Peor aún. En ningún medio se protestó por el hecho de que el presidente Alfredo Palacio no recibió a Barret y delegó al Vicepresidente para que asistiera a la reunión… Seguramente el Mandatario tenía cosas más importantes que hacer... Aunque, para ser francos, en este país todo es más importante que pensar en el desarrollo tecnológico o en posibilidades de inversión a largo plazo.
Cualquier cosa, menos lo importante
En Argentina (julio del 2004), cuando Néstor Kirchner dejó plantada a la entonces presidenta de la compañía HP (Hewlett-Packard), Carly Fiorina, se armó un revuelo mediático de proporciones y los cuestionamientos al Presidente llovieron de todos los sectores. En esta ocasión, los noticieros de TV ecuatorianos ni se enteraron del desaire de nuestro Presidente. Esperé al fin de semana… Nada.
Comparemos, con el tratamiento, despliegue y desaforada cobertura que se le dio a un tipo finalmente irrelevante para la vida del país como Marc Anthony. Comparemos con las decenas de minutos que se le dio a un tal José Velásquez, el denunciante de la falsificación de firmas presidenciales. Comparemos con las entrevistas “exclusivas” al cuestionado edecán Fausto Bravo. Y no hablemos de la cumplida ronda semanal por las pantallas que hace el diputado Carlos González para lanzar sus denuncias que tienen el efecto de convencernos de que somos el país más corrupto del mundo…
La conclusión es inevitable: en la TV ecuatoriana no se ve ningún compromiso con los temas verdaderamente importantes para el crecimiento del país. Bien se puede decir que no existe una conexión con el país real, ese que está más allá de los viciados escenarios políticos.