Al calor de las telenovelas se mueve la programación televisiva de estos días. Una concluyó (Te voy a enseñar a querer), otra está en sus capítulos finales (La mujer en el espejo) y una tercera –de factura local– se estrenó (Corazón Dominado).
No soy un adicto a los dramones televisivos, aunque sí me he enganchado con uno que otro. No obstante, he seguido con mucha atención los episodios de las últimas semanas de las series mencionadas y los capítulos de estreno de la telenovela juvenil de TC. El hecho es que con una televisión telenovela como la que tenemos, es indispensable meterse a analizar lo que se ofrece en ese género.
Te voy a enseñar a querer y La mujer en el espejo tienen un rasgo en común: las buenas actuaciones de sus protagonistas. En el primer caso, Miguel Varoni (Pedro El Escamoso, La Caponera, Gallito Ramírez) cumple a la altura de su trayectoria y carga sobre sí el peso de un guión sin mayor lustre. En La mujer en el espejo, Paola Andrea Rey (Pasión de gavilanes y La baby sister) tiene un destacado rol al interpretar tres personajes, casi simultáneamente.
Solo estribillos y cuerpos
No obstante, ninguna de las dos series pueden ser consideradas de calidad o por lo menos encima del promedio. Una buena actuación no basta para rescatar una telenovela. Porque pesan más las sobreactuaciones de los otros personajes (especialmente los villanos), los clichés tan pobres que se transforman en caricaturas, errores de montaje y continuidad, una torpe realización y una poco diestra dirección de arte.
En Te voy a enseñar a querer, la secuencia decisiva se escenifica en un tentadero taurino, donde Varoni debe torear un novillo para evitar que ataque el cochecito de su bebé colocado en mitad del ruedo ex profeso por la mala (remala y peor que mala). La secuencia es tan mal realizada que no causa expectación, sino angustia, porque las costuras amenazan con derrumbar toda la trama.
En La mujer en el espejo, en cambio, Paola Rey hace de la buena, la mala y la fea (pero no al estilo Leone-Eastwood). Sin embargo, los personajes son tan desprovistos de cualquier dimensión que se tornan planos, unidimensionales. Poco creíbles, finalmente. Otra idea, estropeada.
Finalmente, Corazón dominado recién empieza (hay que darles el beneficio de la duda), pero está claro que sucede algo muy distinto a las teleseries colombo-estadounidenses comentadas antes: no hay buenas actuaciones, los personajes son poco creativos, así que todo se lo deja a los corpazos y los estribillos pegajosos.