Domingo 25 de septiembre del 2005 El Gran Guayaquil

El portal de los discos de vinilo

Jorge Martillo Monserrate, para EL UNIVERSO

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Segundo Paredes Cáceres tiene su puesto de venta de discos de vinilo en el portal de las calles Aguirre entre las Seis de Marzo y Pío Montúfar.

Hasta hace un par de años, si uno caminaba bajo los portales de Rumichaca y Aguirre, iba a dar a cuatro puestos que ofrecían long play de vinilo. Eso antes  que el Municipio prohibiera los puestos de venta de discos, artículos de ferretería y hasta una sastrería que, a todo pedal, funcionaba en ese portal.

Un par de esos vendedores de discos han fallecido: Zambrano y el viejo Rafico; en cambio, Jorge Pazmiño, que vendía gafas y discos se retiró del negocio y el restante es Segundo Paredes.

Todos trabajaron en ese portal más de 35 años. Empezaron cuando la dominical feria libre se llevaba a cabo en Rumichaca desde Luque hasta Clemente Ballén. Después el Municipio trasladó a los comerciantes a Pedro Pablo Gómez y Quito, iniciándose así ‘la Cachinería’.

Pero unos pocos vendedores se quedaron. Uno de ellos fue Segundo Paredes Cáceres (Guayaquil, 1931 ) que no dio su brazo a torcer y se quedó ahí, pero últimamente agarró sus discos y se fue con su música a otra parte. Ahora está en el portal de Aguirre entre Seis de Marzo y Pío Montúfar.

Sus discos de pasillo, bolero, pasodoble, valsecito criollo, cumbia, balada, salsa y rock, a más de música instrumentada y clásica se arriman a la fachada de un almacén de pintura. Como por la calle Aguirre pasan carros levantando polvareda, él cada vez limpia las carátulas o pasa un paño húmedo sobre la superficie negra de los long play.

Desde la pizarra
Don Segundo asegura haber vendido discos de pizarra. Cuenta que el sello discográfico Ifesa grabó en pizarra long plays y discos de 45 RPM (revoluciones por minuto ) con pasillos del dúo Benítez y Valencia, música nacional que se convirtió en clásica. Pero los primeros discos chicos que llegaron eran de 33 RPM con 8 piezas, 4 canciones por lado.

Siempre en los alrededores del mercado Central existieron bazares musicales que vendían discos importados y nacionales. Un disco de 45 RPM costaba 20 sucres, el long play nacional 70 y el importado 120 sucres.

¿Y cómo consigue los discos? Dice que a las familias, ahora que impera el CD, les estorba los de vinilo. Lo buscan, le dejan su dirección y él acude a ver esos discos, si le gusta compra todo el lote y los trae a su portal.

“En algunas casas uno encuentra de 100 a 150 long plays de todo tipo de música.
Discos que fueron comprando, tocando y arrumando. La mayoría están sucios. Aquí arreglo las carátulas, los limpio, primero con una franela, luego les paso una motita mojada con agua y detergente y al final otra franela seca”.

El negocio cada vez se pone más difícil porque los discos antiguos son trasladados al CD. Uno contiene hasta tres long plays y pirateados lo venden a un dólar. Pero algunos coleccionistas son fieles al vinilo.

Todo tipo de gente llega a su portal. Unos buscan  música de la vieja guardia: bolero, tango y pasillo. Cuando consigue esa música, vende los discos como pan caliente. Los cantantes nacionales más buscados son Eduardo Brito, Julio Jaramillo, el dúo Benítez y Valencia y Olimpo Cárdenas, el Rey del Estilo. Los nostálgicos andan tras discos de Alfredo Jiménez, Daniel Santos, Los Panchos, Los Diamantes.

Del tiempo del rock son populares Los Beatles y Elvis Presley. De la música tropical se venden las cumbias de Los Graduados y de los ecuatorianos: Los Azules y Los Jokers.
La música orquestada y clásica también tiene una clientela selecta. Los coleccionistas visitan su puesto una vez por semana –sobre todo los sábados por la mañana–. Llegan, buscan su música preferida entre las rumas de long plays, examinan el estado del disco y comienza el negocio. “Ahora los precios están así –informa Paredes–, se venden discos desde 50 centavos a un dólar”.

A su puesto también acuden cantantes en busca de sus propias y antiguas grabaciones, por ejemplo, Paúl Sol, y los artistas bohemios de La Lagartera adquieren discos de los tríos para escuchar y perfeccionarse en el arte del bolero y el pasillo.

Hay clientes que encargan discos de sus cantantes preferidos, porque tal grabación falta en su colección o algunas veces tal disco está gastado y lo desean renovar.

Eso sí, para Segundo Paredes los domingos son sagrados porque en casa escucha los discos de su género favorito: el bolero. “Yo soy puro bolero y mis cantantes preferidos son Fernández Fernández, Hugo Romaní, Jorge Negrete, Genaro Salinas, Leo Marini.
Le digo que cualquier cantante no puede interpretar bolero, porque algunos lo distorsionan; al bolero hay que saberlo cantar”.

Su preferido es Traicionera en voz del mexicano Fernández Fernández, cuando escucha esa canción hasta le dan ganas de tomar un trago. Todo por el amor a una mujer, al bolero y a sus discos de vinilo que no cesan de cantar.

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