La Izquierda Democrática decide apoyar al Gobierno, pero al día siguiente aparece su diputado especializado en denuncias (Carlos González) para acusar a la Primera Dama de cohecho y abuso de fondos públicos. La Primera Dama comparece con el fondo del flamante cortinaje azul de la casa presidencial para decir que “no es corrupta”.
En la Comisión Anticorrupción, los comisionados Vanegas y López denuncian que el Procurador (hijo del presidente de la Comisión) ha cometido un delito con fondos públicos. Al día siguiente la mayoría de vocales decide suspender a los vocales Vanegas y López porque “existen más denuncias en su contra”. En la pantalla no se dicen cuáles denuncias. Carlos Vera pregunta a González: “…Entonces, ¿Óscar Ayerve está detrás de sus denuncias?” o “¿Y por qué solo se mete con mujeres?”.
¿Más? En una comunidad indígena se castiga físicamente a tres supuestos delincuentes.
En TC se dice que la Contraloría tiene bajo la mira a la Comisión Anticorrupción, sobre todo en la época de Ramiro Larrea. El Alcalde de Machachi está preso acusado de intento de violación a una menor de edad. Su hermano, sacerdote, dice que es “un asunto político”. Sigue el caso Primera Dama: Teleamazonas se encarga del otro frente denunciado por González y llama a Miami: “¿La Primera Dama de Ecuador? Bueno sí, fue una visita informal… (ji, ji). Bueno informal, si es que informal se le puede llamar a la visita de una Primera Dama…”
¿Se perdió en medio de los párrafos anteriores? Imagine lo que nos pasa a los televidentes si solo tratamos de informarnos por medio de la TV. Usted, lector de periódicos, haga el ejercicio. Trate de mantenerse informado solo por la TV.
Imposible… Después de ver los noticiarios solo caos y confusión quedan.
Debe ser por eso que en una encuesta divulgada durante esta semana, se revela que los españoles tienen como medio de comunicación favorito a la televisión (40% de la población), pero en el momento de informarse solo el 18% confía en ella; mientras el 45% confía, para fin tan importante, en los periódicos y, el 23%, en la radio.
La TV ofrece una imagen fragmentada y caótica del mundo. Esa es su naturaleza. Pero lo que sucede en los noticiarios tiene que ver más con una crisis de la credibilidad periodística. Así, en general, porque si bien la radio tiene un poquito más y los periódicos mucho más, tampoco la situación general está para tirar cohetes: bajo las mismas cifras de la encuesta española: 55% tampoco cree en los diarios.
El agravante en el caso ecuatoriano, es que, por las características de la sociedad, la mayoría de la población es pobre, excluida y con mínima educación; con lo cual su único contacto con la información se da a través de la pequeña pantalla.
Esta semana, por ejemplo, me topé con taxistas y trabajadoras de servicio asustados porque después de ver un reportaje en La TV de la familia Ehlers, pensaban que el uso del celular les iba a ocasionar (casi irremediablemente) algún daño o la muerte… Cada vez me convenzo más que los periodistas –por vanidad, sensacionalismo, tontería o falta de sensibilidad– no nos damos cuenta de lo que podemos provocar entre nuestros conciudadanos.
Para fortuna o desgracia (depende del lado del pastel que se encuentre), la televisión es el medio que las mayorías de este país eligen para informarse. Pero como se dijo antes, después de haber visto todos los noticiarios de TV posibles, uno se queda en babia, con los hechos en pedazos sueltos y sin poder reconstruirlos. Entonces, los jefes de noticias, reporteros, presentadores debieran por empezar a preguntarse: ¿Estamos informando? Y, ¿de qué forma lo hacemos?
En los noticiarios, no por supuesto. Pero la TV tiene un arma poderosa que en nuestro país no se aprovecha, más allá de espacios casi marginales, los formatos: debates, investigaciones serias, entrevistas (a fondo). Porque, seamos francos, en el esquema actual que han copiado todos los canales de hacer entrevistas sucesivas y breves; el entrevistador es estrella, pero la información queda en una mala broma.
Y aparte, sí cabe preguntarse después de una semana como la que hemos vivido: ¿Qué es noticia? ¿Qué es rumor? ¿Qué es importante para el público? Y, ¿qué está dirigido a satisfacer el morbo público?... Los márgenes de error. Porque en este oficio todos los cometemos, eso no está en discusión. Pero la profesión periodística es (o debiera ser) una constante lucha para eliminarlos o por lo menos para reducirlos. Tolerarlos y protegerlos, sin más ni más, es restar credibilidad a todos.
Por eso, en los años setenta nació eso que se llama “periodismo de precisión”, tendencia que traslada los métodos de investigación científica a la búsqueda de la verdad. Estas técnicas están en las antípodas del periodismo militante y del “sacamadrismo” que predomina hoy por hoy; porque la primera regla es: el investigador no debe interferir con el hecho que investiga. Y menos ser el protagonista.
El debate aquel de si el periodista puede o no puede ser objetivo es inútil y bizantino. El periodista debe ser objetivo, es su trabajo, es lo que pide la sociedad de él, es el rigor del oficio. De otra manera no es posible confiarle la búsqueda y posterior narración de la verdad. ¿Se está enseñando eso en las aulas universitarias? ¿Eso es lo que aprenden los aprendices de reporteros de sus maestros?
Bueno, Carlos Vera se declara militante, aunque es una incógnita en qué milita. Andrés Carrión, por su cuenta, reivindica la falta de objetividad y las “vinculaciones” del periodista; mientras que Jorge Ortiz usa el rumor como una de las principales fuentes para sus entrevistas… Y ellos son tres de las figuras televisivas más conocidas y seguidas: ¿Se dan cuenta de sus responsabilidades?
Lo grave es que, a veces, se puede detectar incluso en los diarios esa tendencia a la militancia, la mala leche y la renuncia a la objetividad. Como se ha dicho: en la prensa muchas veces se trata de imitar a la TV.
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| Tres imágenes que ha dejado la semana. En Ecuavisa se transmitieron las escenas del castigo físico aplicado por una comunidad indígena del Chimborazo en contra de tres acusados. En la foto, el momento en que uno de ellos se desmaya. Carlos González muestra la carta que, según él, prueba que la Primera Dama cometió el delito de cohecho. En cambio, en la Comisión Anticorrupción, el intercambio de acusaciones y la pugna tuvo su desenlace mediático con el descenso por las escaleras del vocal Rómulo López. |