Actualmente, el camino más pronto a la fama es ser abogado defensor de quien sea. Como la televisión juega a ser Corte de cualquier cosa (así sea de parejas, como en Telesistema) , los juristas la tienen muy fácil.
Así, el hasta hace poco ignoto abogado defensor del mitómano José Velásquez se convirtió en crítico de la prensa, del poder político y del sistema judicial ante un Carlos Vera interesado únicamente en demostrar que no actuó con ligereza cuando divulgó la entrevista con el apresado joven esmeraldeño.
Pero el manjar vino el viernes: Lenin Rosero, abogado de Fausto Bravo, acudió al set de Ecuavisa para ser entrevistado por Lenin Artieda. Tremendo lo que dibujó, un “aparato represivo legal” para acabar con su cliente. Nos imaginamos a un Pinochet o un Videla, solo que en este caso dispuestos para eliminar a una sola persona, no a 40.000 izquierdistas.
Y ¿quién es el gran inquisidor?, ¿el Pinochet ecuatoriano? Pues “el superior de un general”. Vaya, vaya, vaya.
Las delicias de los defensores
Estrellas televisivas y nunca responsables de nada de lo que hagan sus clientes; fugar incluso, como lo demostró Jorge Zavala Egas en el set de Teleamazonas, donde se convirtió en juez de la justicia ecuatoriana: “uno no se entrega a la injusticia manifiesta”... La TV aguanta todo.
Pero de todo esto, lo que más me deja preocupado es que alegremente, casi en comparsa carnavalesca, se comienza a aceptar que cualquier grabación, cualquier filmación ilícita es válida.. Una vez más Lenin Rosero administra esta clase de pruebas ilegales tan caras a los periodistas de una TV sensacionalista: “tenemos la grabación del jefe del general”. De susto. Ahora se graba todo, se filma todo y quienes ejercen o utilizan semejante ilegalidad lo andan proclamando mondos y lirondos en la TV… Y mejor callemos, que nos pueden estar grabando.