Jorge Ortiz insistió la mañana del miércoles en su “teoría de la depresión”. Hace varios días la había enunciado en forma de pregunta y llegaba a colocar al Presidente Palacio al borde de la renuncia. Lo dijo otra vez ante un asesor presidencial: Se habla insistentemente de que el Presidente Palacio está afectado por una depresión…
A esa misma hora, el Presidente de la República daba una extensa entrevista en TC Televisión a Fernando Aguayo… Si Palacio estaba deprimido, lo ocultó muy bien. En ningún momento se lo vio o se lo escuchó sobresaltado, inestable o cayó en alguna incoherencia. Los rumores (aun si tienen una base real) pueden ser fuente de curiosas paradojas para los entrevistadores que los utilizan como única fuente.
Sin embargo, la entrevista presidencial puso en escena un esquema que al parecer se repite con cada nuevo secretario de Comunicación: los picos altos de las comparecencias del Presidente en los medios coinciden con las llegadas. Al respecto, se debe recordar que cuando Andrés Seminario tomó a su cargo la Secretaría de Comunicación, el Presidente protagonizó tres cadenas nacionales en cinco días. ¿Con José Toledo habrá una exposición similar? Habrá que esperar.
Por ahora, el funcionario tiene que dedicar sus esfuerzos en tratar de dar coherencia al discurso del régimen (no solo del Presidente). En la mañana del miércoles, Alfredo Palacio minimizaba la interpelación a Mauricio Gándara frente a los “grandes problemas nacionales”. En la noche, el ministro en cuestión apareció en cadena nacional de televisión no para hablar de la huelga de los jubilados, los problemas de inseguridad pública, las propuestas en firme de la reforma política, etcétera. Nada de eso, apareció para despellejar a sus rivales en el Congreso.
La democracia a control remoto
“Las imágenes que se han visto por televisión” fueron uno de los argumentos que esgrimió Alfonso Harb en Ecuavisa para justificar su pedido de comparecencia de los directivos del Seguro Social al seno del Congreso. Interesante forma de democracia mediática: “como lo vio por TV” es el lema.
Aunque cabe esperar que un congresista, aparte de estar bien informado a través del consumo de medios, se dé una vuelta por las calles y avenidas y conozca de primera mano lo que está sucediendo y por qué.
Pero eso normalmente no sucede, la TV se ha transformado en un insumo de primera mano para hacer política y allí radica una parte de su poder. Porque es indudable que una porción muy importante del debate político se escenifica en los sets de televisión o en las tertulias de radio, que las agendas se ventilan en los noticieros y que el ente etéreo llamado “opinión pública” impone el ritmo a través de “preguntas del día” que no tienen valor estadístico.
En el caso del Seguro Social, es notorio que el IESS no ha podido responder adecuadamente a la devolución de los fondos de reserva; pero también es cierto que la TV tuvo lo que quería, lo que buscó desde el inicio: colas, empellones, desorganización, afiliados desconcertados. Fue la historia de una cobertura anunciada. De un “en sus marcas, listos, ya” para salir en busca de las estereotipadas imágenes. ¿Algún enfoque distinto? ¿Algún aporte para que la situación mejore?