Domingo 04 de septiembre del 2005 Cultura

La batalla por el futuro de Israel*

El Partido Likud ha sido desde hace largo tiempo uno de los movimientos políticos de mayor poder en Israel, hogar de nacionalistas conservadores que defienden los asentamientos judíos en las tierras árabes capturadas en la guerra de 1967. La fuerza del Likud siempre fue su visión para defender el territorio de Israel y su rechazo a aceptar del todo la visión más liberal del Partido Laborista de proponer un intercambio de tierra por paz.

Para mala fortuna, las ambiciones del Likud siempre fueron su mayor debilidad. Son la razón por la cual el partido se volvió tan conservador que incluso su inflexible líder, el primer ministro Ariel Sharón, el arquitecto de la expansión de los asentamientos israelíes, debió finalmente ubicarse a la izquierda de la mayoría de integrantes del Likud.

Con su anuncio de que enfrentará a Sharón por la dirigencia del Likud, el ex primer ministro Benjamín Netanyahu ha iniciado una batalla por el corazón y el alma del partido. ¿Será un movimiento político que mira por la defensa de todos los israelíes? ¿O seguirá atado a los elementos ultraconservadores que ignoran el hecho real de que Israel nunca encontrará seguridad hasta que haga la paz con los 2,4 millones de palestinos que viven en Cisjordania?

No se confundan: Sharón no es un pacifista. Fue Sharón, como ministro de Defensa, el que orquestó la invasión al Líbano en 1982, en la que se perdieron más de 17.000 vidas, en su mayoría palestinos y libaneses. Fue Sharón –como  ministro de Comercio e Industria, ministro de Vivienda y ministro de Infraestructura Nacional en varios gobiernos del Likud– el que expandió y fortificó los asentamientos judíos en la Cisjordania y la franja de Gaza, construyendo caminos, negociando derechos de agua y defendiendo asentamientos ilegales.

Sharón era ministro de la Defensa cuando soldados israelíes no hicieron nada para evitar que falangistas cristianos atacasen los campamentos de refugiados palestinos de Sabra y Shatila y asesinasen a cientos de civiles.

Pero ahora estamos en una época distinta. Sharón ha sido lo suficientemente audaz como para hacer lo que Netanyahu no quiso por temor. El retiro de colonos israelíes de la franja de Gaza es un giro histórico que deberá ser recordado.

Ahora que Sharón ha demostrado que es capaz de aceptar una negociación territorial –imprescindible si algún día se espera alcanzar la paz en el Medio Oriente– tendrá que aplicar esa misma política en Cisjordania. Integrantes del Likud serían imprudentes y miopes si lo castigaran ahora y redujeran las probabilidades de un nuevo avance hacia la paz. Si lo hacen, podría ser que priven a su partido de la oportunidad de conducir a Israel a la paz y seguridad que desea y merece.

*Editorial del 31 de agosto del 2005 de The New York Times
© The New York Times News Service.

Cultura

Diseño

© Copyright 2009. Compañia Anónima EL UNIVERSO. Todos los derechos reservados.