El hombre bigotón, con sombrero ranchero y unas 20 gruesas cadenas de oro en su cuello, está sentado en el parque de Tecún Umán, municipio de Guatemala, en la frontera con México. En su cinto tiene una pistola. A cinco metros, dos personas que portan fusiles con alimentadoras y cinturones de balas hacen guardia. Es domingo 28 de agosto del 2005, 08h30. En la iglesia, frente a aquel parque, cientos de fieles participan de una misa.
El bigotón de las cadenas se acerca al taxi que acaba de parquearse. Saluda emocionado y –cómo él afirma– va “directo al rollo”.
– Mucho gusto. ¿Qué le trae por aquí? ¿Desea entrar a México, a Estados Unidos? Les puedo ayudar, ¿de dónde son?
– De Ecuador, pero no somos ilegales...
– No desconfíen –interrumpe–, uno lleva en esto años y ya sabe. Nos encanta trabajar con ustedes. El ecuatoriano es una carga valiosa, nos deja réditos. Cuando llevamos a Estados Unidos a uno de ustedes cobramos $ 5.000 y nos pagan con gusto, en cambio un centroamericano deja solo $ 4.500.
Digan no más –menciona– a dónde quieren ir, ¿a Houston o Los Ángeles?
Enseguida agrega: – Soy Daniel, me dicen El Charro y en este negocio tengo varios años. Me manejo con seriedad, no me gusta nada chueco–. Así comienza la recitación de su oferta como coyote, mientras en la iglesia el padre Ademar Barilli, párroco de Tecún Umán y director de la Casa del Migrante, invita al centenar de fieles a rezar por los viajeros ilegales.
El diálogo, o más bien monólogo, transcurre tan rápido que en ningún momento El Charro permite aclarar que el objetivo del equipo de EL UNIVERSO en esta zona es periodístico. Con su actitud presiona, no quiere que un potencial cliente se le escape.
El padre Barilli dice que en Guatemala, el ecuatoriano “es una presa cara y muy productiva”. Por eso, los coyotes, que en Tecún Umán y localidades vecinas en la frontera entre Guatemala y México andan armados y actúan con bastante libertad, hacen lo posible por tenerlos en sus manos.
Los oferentes de viajes a EE.UU. aparecen en todo lado, incluso en el acceso al puente internacional que une Tecún Umán con la ciudad mexicana de Hidalgo, a diez metros del control de Migración. Ahí, se “promocionan” documentos de identidad mexicanos a valores que bordean los $ 200. La principal actividad económica de esta región es el coyoterismo, reconocen sus habitantes.
El inicio y el fin
De Tecún Umán y su zona de influencia, Barilli dice: “Es el fin y el comienzo de todo y de nada”.
Los ecuatorianos que viajan ilegalmente en barco “caen” (arriban) en la zona de Ocós, una especie de balneario de dos mil habitantes con una amplia playa sobre el Pacífico. Las embarcaciones quedan a unas cuantas millas mar adentro y a su encuentro van lanchas de fibra de vidrio, con dos motores fuera de borda, que transportan 17 migrantes por viaje hasta los desembarcaderos de Tinlapa y Sandial.
Jorge Fuentes, quien labora como chalán (ayudante) en una lancha, dice que por semana llegan dos o tres barcos. A las 05h00 del miércoles 24 de agosto arribó uno. Otro lo hizo el viernes 25, día en que 126 ecuatorianos eran deportados a su país desde la capital guatemalteca, tras ser recogidos una semana antes de un pesquero a la deriva, por un buque de Estados Unidos. El hundimiento de otro barco con 103 emigrantes a bordo, de los que 94 desaparecieron, no asusta a viajeros ni coyoteros.
Al desembarcar, los migrantes son llevados a hoteles, moteles o casas improvisadas como hospederías en Tecún Umán, Pajapita, Coatepeque, Mazatenango, Huhuetenango y otras localidades fronterizas con México.
El paso desde Tecún Umán a Ciudad Hidalgo se hace por el río Suchiate, de día y de noche, en unas boyas que viajan sobrecargadas. Uno de estos pasos es Palenque, a 50 metros del puente internacional, donde está el control de Migración de Guatemala, cuyo jefe, Mario René Cardona, dice: “Todos sabemos que sudamericanos y más indocumentados pasan por los llamados puntos muertos”.
Pero aclara que su labor no consiste en evitar el paso de ilegales porque su dependencia es solo administrativa. “Además, es una mafia bien compenetrada. Tecún Umán es un pequeño Tijuana (localidad mexicana fronteriza con Estados Unidos), donde se oferta abiertamente un viaje”, agrega.
Es en Tecún Umán donde los emigrantes ecuatorianos, que en adelante se los llama mojados o pollos, se convierten en esclavos. Algunos llegan a la locura o son asesinados, según relatos de defensores de derechos humanos y viajeros que se salvaron.
El Charro reconoce que hay disputas entre coyotes, “por la carga”. Cuenta que hace dos meses, un colega suyo se le adelantó a recibir un grupo de ocho ecuatorianos. “Se negó a entregármelos. Me pidió que pague el viaje en barco, el hospedaje y la alimentación, 2.500 dólares por cada uno”, indica.
Durante tres semanas, hasta que los familiares transfirieron ese valor adicional al pactado con el coyote ecuatoriano, las ocho personas permanecieron secuestradas. Un lanchero que pide reserva de su nombre afirma que, en casos así, si no hay quién responda con dinero, el emigrante es eliminado.
Ana María Sánchez, defensora de la población desarraigada de la Procuraduría de Derechos Humanos de Guatemala, ratifica que los coyotes forman redes o mafias que cuentan con el silencio de las autoridades. “Es peligroso para quien se oponga o los denuncie”, dice.
El Charro no desmiente: Es una actividad que exige muchos cuidados y hay que protegerse. En el hotel, pongo tres armados.
Casos dolorosos
Las historias de dolor son muchas. El padre Barilli testifica que hace seis meses, personas caritativas trasladaron a la Casa del Migrante de Tecún Umán a un hombre de 30 años que, en estado de delirio, vagaba por Ocós.
“Estaba casi loco. En sus pocos momentos de lucidez, solo atinaba a decir que era ecuatoriano”, recuerda el sacerdote. A los tres días se lo trasladó a la capital de Guatemala y no se supo de su vida.
Hace un mes y medio, dos jóvenes llegaron a pedir protección en la Casa del Migrante después de huir de la guardia del coyote. Dos semanas más tarde, un menor logró ser repatriado al Ecuador.
“No hay cifras concretas. No todos llegan acá porque temen por su vida. Hasta en la calle de acceso al refugio hay allegados a los coyotes que atrapan a los viajeros con amenazas”, afirma el sacerdote.
Por eso, algunos emigrantes ecuatorianos dicen ser centroamericanos. Así reaccionaron dos personas con fisonomía de los naturales de la Sierra ecuatoriana que a fines de agosto caminaban por las playas de Ocós. ¿Adónde van? “Acá nomás”, responde el menor, de unos 13 años. Al decirle: somos de Ecuador, se emociona. Pregunta de qué parte, pero una tercera persona que hace de guía le ordena callarse. Siguen su caminata, con mochilas en sus espaldas y una chompa bajo el brazo.
Daniel, El Charro, no para en dar detalles de su labor. Muestra una de sus tres hospederías y fotos con el artista mexicano Mario Almada y el alcalde de Tecún Umán.
Habla sobre su empresa de transporte en tráiler y advierte que su actividad la desarrolla en forma honesta, pues –insiste– hay decenas de avivatos que se aprovechan de los viajeros. Sentencia: “Si desea mis servicios, me llama. Usted tiene desde hoy una clave. Me dice: Soy el águila y tengo un vuelo, y todo queda en mis manos”. La tarifa, 5.000 dólares por persona.
TEXTO: José Olmos
FOTOS: Jorge Peñafiel