Viernes 02 de septiembre del 2005 La caja

Cuando hay que hurgar en la basura

“Me siento como un minador de basura” fue la imagen que utilizó ayer Carlos Vera en ‘Contacto Directo’ (Ecuavisa) para describir el periodismo que practica. Se trata de una metáfora sin desperdicio. Primero habla sobre el nivel al cual han caído las cuestiones públicas y noticiables en el país y luego indica el estado de ánimo social bajo el termómetro periodístico.

El periodismo actual se parece más a un estado de ánimo que a un oficio riguroso, decía un lúcido periodista y crítico. El estado de ánimo: hoy la desilusión colectiva nos tiene atrapados en un botadero de basura, deambulando de aquí para allá entre nubes de gases tóxicos para llevar a casa algún cartón, unas botellas vacías, unas frutas a medio comer.
Triste mundo…

Si ya no existe más remedio, si estamos atrapado en una montaña de basura y hay que hacer el trabajo sucio de clasificarla, entonces se debe tener algún método para cosechar los mejores desperdicios. En otras palabras, el estilo del minado es fundamental.

En este punto, los teóricos de la inmundicia (hipotéticos, claro) han detectado dos actitudes muy bien definidas: la primera es la de quienes consideran  el minar como una cuestión de imagen y que, por eso,  con el menor hallazgo saltan, gritan y atraen la atención de todos anunciando: ¡Encontré una perla! (aunque luego resulte una roca pintada de blanco). La segunda es la de aquellos que proponen paciencia para buscar entre los escombros y así reunir los materiales para armar lo que necesiten.

No hay acuerdo sobre cuál método es mejor para la sobrevivencia del periodismo. Solo sabemos que los segundos construyen más muebles, pero se compensa con el hecho de que los primeros aparecen más en la tele.

Porque el periodismo no es una ciencia
La imagen del periodista como un minador de basura es fascinante porque nos pone de una bofetada y sin sutilezas frente a algunas interrogantes claves del oficio: ¿Cómo manejar la porquería sin contaminarse?  ¿Es mejor contaminarse para luego contar cómo es el basural por dentro? ¿Somos los periodistas tan lejanos a la basura que nos rodea?

Ya no es solo un asunto estilístico, sino cuestiones de fondo. Hay quienes prefieren la asepsia, liberan un rincón de basura y reportan con lo que les cuentan. Hay otros que se meten en el basural, pero el estado de ánimo los traiciona y caen. Por mi parte, cuando pienso en estas cosas me imagino a un profesional apasionadamente científico, como Grissom, el héroe de  CSI (la serie norteamericana de televisión) que remueve infectas escenas del crimen para encontrar la pista minúscula con el cual resolver el caso.

Pero Grissom solo es un héroe de TV… Los minadores de carne y hueso tenemos vidas privadas, caemos en humanas tentaciones, cometemos errores y actuamos según el estado de ánimo…

Por eso el periodismo no es, aún no puede ser, una ciencia. 

La caja

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