Jueves 01 de septiembre del 2005 La caja

Más que una cuestión de risas

La producción televisiva colombiana es el puntal del espectacular crecimiento de sus industrias culturales cuyos ingresos actualmente son mayores que los generados por la actividad cafetalera.

Extraordinario para un sector que hace menos de diez años tenía un modelo semiestatal. Probablemente la política de cuota de pantalla, que obliga a las televisoras a programar con producción local el 70% de su tiempo en los horarios triple A, sea una de las causas directas. De ahí el temor de los colombianos a que con el TLC se desmonten las protecciones que han empujado el crecimiento.

En el Ecuador, con una larga historia de TV exclusivamente privada, estamos ahora muy lejos del nivel de producción alcanzado por los colombianos y por lo contrario, nos hemos convertido en un mercado importador de las series del vecino país. El último éxito que llega desde allá son Los Reyes que transmite TC.
Una telenovela que sigue la línea trazada por Betty, la fea y Pedro, el escamoso, es decir la combinación de melodrama y humor.

Aparte de la fórmula, en Los Reyes hay una variedad de personajes sin desperdicio, que aunque parten de los clichés, inclusive de la caricatura, en el desarrollo de la serie adquieren dimensiones muy humanas. Es notorio que una de las fortalezas de las producciones colombianas es la habilidad de sus escritores.

Una cuestión de audacia
Hay algo más y es lo de fondo, lo que hace realmente atractivas a las series tipo Los Reyes: su trama representa la irrupción de lo no lógico (bajo el recurso del humor) para cuestionar la normalidad y el statu quo. Este hecho (la irrupción) tiene la virtud de revelar las fisuras de la vida social cubiertas  bajo la apariencia de normalidad, porque de hecho el mundo de los Reyes y el mundo de la alta empresa, funcionaban en sus andariveles… hasta que por el azar chocan de frente. A partir de ese choque todo se pone “patas arriba”, estado que se expresa con los personajes-caricaturas, situaciones de humor al límite y con el amor retomando su carácter subversivo.

Contrastemos con La niñera, una de las pocas series ecuatorianas en clave de comedia que se transmite, actualmente. Su mérito es ser una buena traducción de la serie original a lo ecuatoriano y en especial a lo “guayaquileño”. Las referencias urbanas son clave. Según los créditos, el logro es de Pablo Velásquez. No obstante, el siguiente paso no se da: las élites representadas por el millonario dueño de casa (Frank Bonilla) no son puestas bajo cuestión y menos aún caricaturizadas. Al contrario, la locura del personaje de Mery (Paola Farías), la niñera, es manejada y finalmente domada por el orden establecido representado por su patrono.

Así las cosas, los dos mundos no se modifican en su choque. Cada uno, al final de los capítulos queda intacto en su normalidad. Una de las consecuencias es que se vuelve improbable y hasta forzado un romance entre los dos personajes centrales.

La estructura de un melodrama, exige que al final se restaure la normalidad. Es previsible que eso suceda con Los Reyes, como sucedió en Betty y El Escamoso.
No obstante, se trata de una normalidad distinta, pues ahora incluye a los personajes antes considerados impropios o marginales. En cambio, en La niñera la normalidad no se restaura sencillamente porque no hay la suficiente audacia para cuestionarla y menos para subvertirla, aunque sea en la TV.

La caja

Diseño

© Copyright 2009. Compañia Anónima EL UNIVERSO. Todos los derechos reservados.