Martes 30 de agosto del 2005 La caja

Aquellos retratos sin sombras

Los domingos por la mañana, Ecuavisa ha logrado establecer un bloque editorialmente interesante. A las 09h00, entró ‘La caja de Pandora’ conducido por Rodolfo Muñoz, en tanto que a las 10h00 se mantiene ‘Cero Tolerancia’ con Carlos Vera y a las 11h00 está ‘Detrás de la Noticia’ de Alfredo Pinoargote.

‘La caja de Pandora’ cumplió este domingo su tercera emisión. Su intención es que los personajes invitados revelen su rostro más humano en un ambiente relajado. Para ello se utilizan recursos a veces inesperados, como el del “karaoke” para Cinthya Viteri, aunque el estándar está en la capacidad de lograr una conversación fluida entre entrevistador y entrevistado y en el manejo de recursos periféricos como el de la pantalla con íconos (que en algo recuerda al segmento de las fotografías que utilizó ‘Este lunes’).

Ahora bien, lo que sucede no solo con el programa de Muñoz sino con la mayoría de los espacios que tienen la intención de mostrar los “lados humanos” es que generalmente se reducen a presentar el costado amable de los personajes, dejando inexplorados los lados oscuros o las partes escabrosas de las biografías personales. Y no es que se trata de dar un sentido sensacionalista o resaltar lo negativo, sino de ofrecer perfiles equilibrados, retratos completos. Y los costados con sombras son tan humanos como los bordes luminosos.

En los retratos, el punto está en el grado de detalle que logra quien maneja el pincel. De ahí que la anunciada “entrevista histórica” de Carlos Vera a Jefferson Pérez haya quedado en un interesante intercambio de opiniones sobre el estado de ánimo de los ecuatorianos, una buena charla de motivación y una primera exploración de las ideas políticas del atleta.

Y es que Vera planteó un lienzo demasiado extenso, imposible de acabar en una hora. Para colmo de complicaciones puso a Rolando Saquipay en el mismo escenario. Entonces, detalles, pocos; apenas un sobrevuelo inconcluso.

Los niños un motivo; no los actores
Enhorabuena: la recolección de fondos para la campaña Niñoesperanza que se realizó el sábado fue exitosa. Recolectar 400.000 dólares en beneficio de los proyectos de Unicef no está mal, aunque no se sabe si eso cumple las metas de los organizadores.

Como “show” televisivo, lo de Niñoesperanza representó un enorme despliegue de recursos con un escenario central en Guayaquil, donde desfilaron artistas de todos los géneros y los “talentos de televisión” de Ecuavisa. Pero, ¿y los niños?
Aparte de los energéticos preadolescentes que estuvieron  agradeciendo las donaciones, los chicos fueron los grandes ausentes. Nada para ellos, poco desde ellos. Al parecer, no se acordaron de invitarlos.

Lo cual nos lleva al hecho de que en los últimos meses Ecuavisa realizó un mayor despliegue informativo en temas relacionados a la situación de los niños con inclusión de consejos para un “mejor comienzo en la vida”. Su programación, en cambio, no presenta avances sustanciales para que los pequeños tengan en la pantalla educación, información y entretenimiento sano y de calidad. Y es que el genérico “niños” también puede convertirse en un pretexto.

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