Domingo 28 de agosto del 2005 Migración

Misa en alta mar por inmigrantes muertos

MANTA, Manabí | Xavier Sánchez

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MANTA, Manabí.- Marcos Yunga arrojó flores al mar en memoria de sus familiares, muertos, al intentar emigrar.

Tres buques de guerra formaron una escuadra (avance en fila) en el puerto de Manta y partieron la mañana de ayer, a las 08h00, a alta mar.

Llevó tripulantes para ir, no a una guerra sino a oficiar una misa y a dejar ofrendas en alta mar en recuerdo de los 94 náufragos de la embarcación que zozobró el pasado 13 de agosto en aguas del Pacífico.

Dentro de esas ofrendas se incluyeron barquitos de papel, creados con las manos de los familiares de aquellos desaparecidos, cargados de mensajes de amor con corazones y frases que resumieron el dolor de este grupo de ecuatorianos, que en su mayoría por primera vez veían el mar.

Una de esas frases fue “Michu Michu chucle chucle miau” que Michelle, de 5 años, dedicó a Manuel, su abuelo desaparecido en el grupo de emigrantes que intentó llegar a EE.UU. y que naufragó frente a las costas de Colombia.

Antes que las aguas del mar fueron las lágrimas las que mojaron estos barquitos de papel, como las de Martha, madre de Michelle, quien también dibujó la imagen de una niña, su hija, agarrada de la mano de un hombre sonriente, su padre desaparecido.

En el buque Calicuchima unos 80 familiares con rostros desconsolados y orando con la mirada al mar, participaron en la misa en alta mar, oficiada por el sacerdote César León.

A las 10h27 ocurrió uno de los momentos más emotivos: la Eucaristía y la paz.

“Tomemos conciencia de lo que pasa a nuestros hermanos ecuatorianos que han salido de nuestra tierra, tomemos conciencia de lo que les ocurre, que Dios toque el corazón de aquellos que se enriquecen de esta tragedia” expresó el sacerdote mientras lloraba durante su mensaje en la misa.

 Luego los familiares de los náufragos, todos de Azuay y Cañar, se acercaron a estribor (derecha) de la embarcación para lanzar las ofrendas.

“Claudio Esteban Collago Manuel de Jesús Collago, Saúl Benito Collago reciban estas flores hijos míos. Hijos míos, reciban este barquito que fue en el que naufragaron y una carta. Llévame muy pronto al lado de mis hijos, Señor”, gritaba Manuel Collago, de 64 años, padre de tres desaparecidos (de 39, 29 y 21 años), al lanzar al mar las flores que habían comprado en los mercados San Blas y Central de Cuenca. Dos de sus vástagos estaban desempleados y uno ganaba $120 al mes. Le quedan otros dos hijos y su esposa, Inés Largo, junto a él presa de llanto.

A un metro, otra mujer intentaba lanzarse al mar para acompañar a su familiar desaparecido. Uno de sus parientes hacía esfuerzos por evitarlo.

Finalmente, a las 10h47, las tres embarcaciones: Calicuchima y las corbetas El Oro y Esmeraldas, se separan mientras padres, hermanos, hijos y esposos de los desaparecidos se abrazan y comienzan el retorno a tierra, el que no lograron sus familiares.

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