Escribe Enrique Vásquez desde Italia: “Quisiera contarle que acá, en Italia, la transmisión del Mundial de Atletismo es en directo y que aunque sus atletas no han obtenido una sola medalla, da envidia el tipo de cobertura que realizan. Es más, desde que Jeff ganó la medalla he podido escuchar tanta información sobre él que estoy seguro ningún periodista en el Ecuador está en capacidad de ofrecerla. Ya desde el día anterior a la competencia los diarios decían que el rival más peligroso del atleta italiano (vencedor del oro en Grecia) era Jefferson Pérez y explicaban el por qué.
Desde Canadá, Lorena Carpio, escribe: “Qué pena que los medios informativos del Ecuador no le den la cobertura que Jefferson Pérez merece. Y qué pena que sea acá, en Canadá, donde hay canales de televisión que se dedican a seguir de cerca la carrera de atletas como él, en inglés, con traductores... ¡Qué vergüenza! (para la TV ecuatoriana)”.
El jueves, durante la llegada del atleta, se volvió a repetir el bochorno. Tres canales transmitieron en directo los empellones y las muestras de afecto popular. El más sobrio fue Teleamazonas, seguros como estaban de que poco después el atleta hablaría “en casa” (la rueda de prensa fue en el Banco del Pichincha). En cambio, Santiago Naranjo se vanagloriaba “con todo respeto” de “haber logrado lo que otros medios no pudieron”. ¿En qué consistía tal logro? Estar unos centímetros más cerca de él, hasta tocarlo.
La exageración paga mal a sus devotos. En contraste, de quienes sí se contó vida, obra y milagros fue de la pareja Marc Anthony y J.Lo. Nada se dejó por explorar: las habitaciones donde iban a estar, las flores, la cama. Todo eso nos contaban con cara de emoción apenas contenida Cinthya Wright y sus compañeros de ‘Está clarito’. Hasta el padre Vicente Agila pedía su boleto para ir al show en Quito.
Pero es lo menos relevante, el hecho es que el periodismo de farándula le debe muchas explicaciones al público que asistió y/o compró sus entradas para los conciertos de Marc Anthony. Y en primera línea, debe aparecer Ecuavisa, el canal que promocionó hasta la saciedad los conciertos.
Lo cierto es que, en primer lugar, se jugó con la idea de que J.Lo vendría al país. Se insistió tanto y de una forma que rozó la mentira. ¿Por qué? Bastaba un poco de exploración en internet para que se descubriera que, en el mejor de los casos, ella cantaría alguna estrofa junto a Anthony, pero lo habitual era que la actriz y cantante acompañara desde los palcos a su cónyuge. No obstante, nada de eso se dijo. Y para ser justos: la prensa cayó en la trampa. Y es que todo era válido para promocionar el concierto, al punto que muchos aficionados que fueron al estadio Modelo de Guayaquil en realidad esperaban a J.Lo, como lo contó la reportera de ‘En corto’.
Pese a esa primera desilusión, el entusiasmo no amainó. La frontera entre la exageración y la desinformación se la cruzó 24 horas antes del frustrado concierto en Quito, cuando los presentadores de ‘Está clarito’ acudieron a las mismas boleterías del estadio Atahualpa para reportar que la taquilla casi se había agotado. No obstante, el mismo vendedor señaló algo muy distinto: “Sí se está moviendo” y añadió que se había vendido “casi el 50% de entradas”. Es decir, un día antes: el estadio estaba semivacío.
Cualquiera hubiera prendido las luces de alerta. Pero más bien se siguió el juego. Hasta que pasó lo que pasó. ¿Ahora tendrán las agallas para pedir y dar cuentas? O solo se echará tierra sobre el episodio: ¡Y que venga el próximo, que igual la vida es corta!