Miércoles 20 de julio del 2005 La caja

El último límite destrozado

‘El muñequeo’ pretende ser un programa cómico para adultos. Lo del humor es bastante incierto, pero aquello de “adulto” desborda cualquier límite de lo admisible en un canal de TV abierta, pues se trata de un espectáculo que ya resultaría vulgar en un establecimiento nocturno dedicado al comercio sexual.

No es una cuestión de horarios sino de límites. Un programa tan grotesco sobra, incluso a las 23h30 del domingo. Su sola presencia es un indicativo de cómo cualquier autorregulación, cualquier consideración de calidad, el más mínimo sentido de respeto hacia el televidente, se han diluido.

Observemos por qué: en la escenografía sobresalen unos monitores de TV donde se proyectan los primeros planos de senos y nalgas. Su objetivo es uno solo: romper el récord sobre la mayor cantidad de groserías por minuto que pueden lanzar al aire los guiñoles comandados  por El Padrino (el logotipo del programa plagia el de la película de Francis Ford Coppola).

A partir de allí  cabe esperar cualquier cosa: que se le saque a La colorada a menearse cada vez que las llamadas o la libido de los titiriteros lo exige; que se monten “cámaras escondidas” para ver qué cara ponen los transeúntes con una modelo encaramada en una escalera mostrándoles el calzón; cachos subidos de tono y la actuación de algún grupo de tecnocumbia bajo el atento lente de la cámara concentrado en… Bueno ya se lo pueden imaginar: sobre traseros y senos. Los productores de este programa tienen sus fijaciones mentales.

Y aparte de senos y nalgas, su otra obsesión es la masturbación. Gran parte de los contenidos son una incitación apenas velada a frotarse “con cáscara de plátano o de cebolla”. ¿Increíble? No, TV nacional.

Un guiñol degenerado, ¿versión “light”?
El “broche de Oro” es lo que convierte a ‘El muñequeo’ en un producto televisivo más que  repudiable: los títeres degenerados están metidos en la cama con tres modelos semivestidas. Las chicas tienen rostros de niñas. Si no son menores de edad, están justo en lo que la industria porno llama “la barrera legal”.
A cada una de ellas se la morbosea y se la hace bailar sobre la cama. Mientras tanto a la gente que llama se la incita para que lance insinuaciones truculentas a las modelos…

‘El muñequeo’ está más allá de lo “freakie”, o sea de lo loco y decadente. No da para  reivindicar a espíritus libres o contestatarios, como a veces suele suceder en las producciones más “bizarras” (en el sentido de raras) de la televisión internacional. En ‘El muñequeo’ solo hay un sentido retorcido de la sexualidad que fuerza incluso lo que se puede considerar lícito.

Pero, también, hay que tener un sentido bastante raro sobre lo admisible en un medio de comunicación audiovisual, para poner a uno de estos muñecos como un personaje estrella en la programación cotidiana de una televisora. En Canal Uno se lo hace: una versión suavizada de El Padrino es el coanimador de ‘A reventar’ que se transmite a las 14h00, de lunes a viernes, y participa –como no– en las escenas de la ‘Escuelita sexy’.

En psicología se sabe bien que existe la necesidad de tener límites muy definidos y nociones claras de lo correcto y lo incorrecto para que un individuo goce de una personalidad equilibrada. Cuando eso no sucede, las luces de alarma se prenden porque la psicopatía acecha.

La caja

Diseño

© Copyright 2009. Compañia Anónima EL UNIVERSO. Todos los derechos reservados.