Gina Añazco y Andrea Vargas cumplieron sus sueños y tienen más metas por alcanzar.
En medio de las celebraciones por el Día del Ecuatoriano Ausente, dos compatriotas: una maestra y una ejecutiva de banco, que tras enfrentar barreras se destacan en sus lugares de residencia, cuentan la lucha y sacrificio que debieron pasar para cumplir sus retos.
En mayo del 2004 la prensa del condado norteamericano de Montgomery, estado de Maryland, destacó la figura de la guayaquileña Gina Añazco, elegida entre 10.500 maestros de 192 escuelas como una de las mejores maestras del Año y la primera latina en recibir ese reconocimiento.
Ese fue uno de sus logros más importantes y el premio a más de veinte años de trabajo y sacrificios que Gina debió enfrentar primero junto a su hija Carol, de dos años, con quien llegó a EE.UU. en 1983.
Su título de Profesora de Inglés como Segunda Enseñanza obtenido en la Universidad Estatal no fue suficiente para cumplir sus sueños.
Tuvo acogida en la casa de una compatriota, a cuya hija cuidaba y obtenía un ingreso, pero el dinero era poco y buscó un trabajo nocturno en la limpieza de oficinas, luego se empleó como mucama en un hotel.
“Fue muy duro, sobre todo con mi hija. La matriculé en una guardería infantil y empezamos a viajar juntas en buses y trenes”, recuerda.
Trabajos en una escuela de manejo y una compañía de construcciones le ayudaron a mejorar su inglés, a lo que sumó la autoeducación.
Su situación mejoró con la llegada de su esposo en 1985. El trabajo en una compañía que organizaba eventos educacionales le motivó a retomar su interés por ejercer el profesorado, y apoyada por su esposo revalidó su título e ingresó como profesora sustituta.
De inmediato aplicó a una beca para seguir una maestría en Educacion Especial, y fue una de las 23 favorecidas para asistir a la Universidad Johns Hopkins, donde se graduó en mayo de 1996.
En agosto de ese mismo año tuvo su primera aula de clases en el colegio Mark Twain, dirigido a niños con dificultades emocionales y que necesitan de instrucción especializada.
Continuó sus estudios y consiguió la doble certificación de Educación Especial y ESOL (English for Speakers of Other Languages), y en agosto del 2000 se inició en la escuela Rock Creek Forest como profesora de ESOL para los niños de kindergarten.
Movida por su afán de superación este año sigue un curso de Liderazgo Educacional, que le certificará en el área de Administración y Supervisión.
“Mi meta es poder marcar la diferencia e influenciar con mis ideas y opiniones nuevas reformas educativas, teniendo en cuenta la nueva generación que ha surgido de padres emigrantes que, como yo, vinieron a forjar un mejor mañana para ellos y sus hijos”, expresa.
Ejecutiva de banco
Andrea Vargas, guayaquileña de 30 años, es hoy una reconocida ejecutiva del CIBC (Canadian Imperial Bank of Commerce), uno de los bancos más importantes de Canadá, adonde llegó tras presentar un proyecto para cambiar el sistema interno y automatizar las funciones de los diversos departamentos como parte de su tesis de grado en Ryerson University.
“Conseguirlo no fue nada fácil”, dice Andrea.
Estudió Ingeniería de Sistemas en la Universidad Católica de Guayaquil y en 1997 viajó a Toronto para visitar a su padre. Las posibilidades de superarse le motivaron a radicarse en ese país con su familia.
Buscó continuar sus estudios y aunque aplicó para primer año de universidad, los cuatro años cursados en Ecuador le permitieron homologar algunas materias.
Dice que estudiar inglés en Ecuador le ayudó para matricularse en Computer Science (Ingeniería de Sistemas).
Mientras siguió los cuatro años de universidad consiguió un trabajo a medio tiempo como hostess (anfitriona) en un restaurante y ganó dinero para comprar sus libros.
Durante la realización de su tesis de grado en 2002 entró al Canadian Imperial Bank of Commerce, donde ingresaba datos y hacía reportes. “No era mi campo, pero me sirvió para tener experiencia”.
Señala que planificó hacer un proyecto para cambiar el sistema interno del banco porque su tesis versaba sobre ingeniería de software. Lo presentó a los ejecutivos, pero al comienzo no tuvo respuesta. “Seguí por mi cuenta y quise demostrarles que sabía”.
Después de 9 meses la convocaron para formar un equipo y probar el nuevo sistema. El trabajo de 14 horas diarias, duró cinco meses. “Fue muy duro, pero al final fuimos recompensados con un reconocimiento”, confiesa.
Al poco tiempo la nombraron Quality Assurance Test Analyst (Analista de control de calidad de software), en el que lleva más de un año.
Su trabajo le mereció ser figura, como una de las profesionales destacadas, en la revista que la Ryerson University promociona su imagen y sus carreras universitarias.