Jueves 14 de julio del 2005 La caja

Una pantalla cargada de ideas fijas

Un estereotipo es trazar una idea fija casi siempre inexacta sobre algo o alguien, y sirve como un mecanismo de defensa primario para poder adaptarse mejor a un medio desconocido. Si bien el estereotipo funciona en un primer momento, después se convierte en un obstáculo para conocer algo más profundamente y para elaborar discursos más cercanos a la realidad de las cosas.

En la industria del entretenimiento,  ni el conocimiento ni la realidad son prioridades: lo que importa es que las masas consuman. Por ello, el cine más comercial, la música pop más simple y la TV más ramplona se han ido construyendo sobre los estereotipos. Es la forma más segura de asegurarse la aceptación de las masas de consumidores.

La trampa es que al mismo tiempo, el estereotipo se convierte en el impedimento para ver al horizonte o dar el indispensable paso adelante. Entonces, se puede sostener que la calidad de una industria televisiva está en relación inversa a la cantidad de estereotipos que desfilan por la pequeña pantalla. Y en la TV ecuatoriana, prácticamente todo pasa por aquellas “ideas fijas casi siempre inexactas sobre algo o alguien”.

Tomemos ‘A todo dar’ de TC Televisión. Se monta una escena con pretensiones cómicas: el inefable animador Frank Palomeque se pone una peluca y unos bigotes abultados y desordenados para hacer el papel de un profesor autoritario que habla arrastrando las eses. Trata de ser cómico imitando a los “serranos”. La escena resulta falsa y nada graciosa: el estereotipo está tan desgastado que termina por ser patético.

Frente a tan desaliñado personaje están sus alumnas: costeñas, con minifaldas que alcanzan a tapar el espinazo y… bobas.  Más estereotipos que, en su erotismo subido de tono (estamos hablando de las 16h00),  rozan la apología del abuso infantil en las escuelas.

No escuchar para no preguntar
Hay un siguiente nivel en cuanto a los estereotipos: cuando están tan metidos en la cabeza que impiden escuchar lo que dice la persona que se tiene enfrente. Es el caso de Ruth del Salto en ‘Contacto Directo’. “¿Por qué su propuesta de autonomía es solo para Quito y no para Pichincha?”, le pregunta al concejal capitalino Andrés Vallejo después de que este dijo claramente que su proyecto va más allá y se refiere a un “estatuto nacional de autonomías”.

“Entonces, ¿hubo negligencia de la constructora?”, le repite al ingeniero fiscalizador de las obras del puente Carlos Pérez Perasso,  luego de que este explicó hasta con gráficos que el problema fue que el tipo de maquinaria utilizada por la compañía brasileña era “demasiado” eficiente. Pero la entrevistadora aún no escucha e insiste hasta terminar en una perla mayúscula: “¿qué intención cree que tiene la constructora al presentar una planilla de 27 millones de dólares por los trabajos adicionales?”. Vaya, ¡esto si que es todo un hallazgo!: si se presenta una factura no es con el fin de cobrarla sino que existen otras, secretas intenciones que un fiscalizador-psicólogo debe adivinar.

Estamos ante el mayor de los estereotipos periodísticos del momento: hacer la de Perogrullo para no preguntar sobre las verdaderas corrupciones.

La caja

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