El mundo ha cambiado de forma acelerada y radical en pocos años. Solo basta observar lo que sucedió informativamente con los atentados del 11 de septiembre. El apagón informativo que se produjo en esa ocasión fue encubierto por la abrumadora imagen del avión cuando se estrelló contra el segundo edificio del World Trade Center neoyorquino y luego las dos Torres Gemelas desplomándose.
Eso durante todo un día, toda una semana, todo un mes y en cada aniversario del 11 de septiembre. Las cadenas televisivas ecuatoriana estuvieron enganchadas a esas imágenes tomadas fundamentalmente de la CNN.
Este 7 de julio la situación fue muy distinta: las autoridades británicas implantaron otro apagón informativo, pero mientras los medios de comunicación se sumaron a la medida, la comunicación de los ciudadanos a través de internet y los teléfonos celulares fue un hervidero. Las nuevas herramientas de comunicación personales se han convertido en verdaderos instrumentos para ejercer un periodismo que ha sido llamado de “emergencia” o “espontáneo”, fuente de primer orden para tener información de primera mano sobre hechos tan impactantes como los atentados de Londres.
Toma forma una sospecha: el periodismo se está transformando de forma acelerada y los medios de comunicación tradicionales están ante retos que los cuestionan, pero que también les ofrecen la oportunidad de acercarse más al ciudadano común y corriente.
Al respecto, los atentados en Londres marcan un antes y un después. En un artículo aparecido en el diario El Clarín se menciona que “ejércitos de periodistas aficionados lanzaban sus textos en diferentes blogs, diarios on line en donde los usuarios bajan sus opiniones, gustos e informaciones”.
El diario argentino informa que a las 10h05, una hora y poco más después de la primera explosión, un usuario ya señalaba en el blog europhobia: “Bien, esto es lo que yo llamo un ataque terrorista”. “¿Gente herida deambulando a causa de una falla de electricidad?”.
Mientras tanto, la BBC a las 10h45 todavía hablaba de “explosiones” y de dos muertos…
No fue todo: los blogs sirvieron en el caos de esas horas para informar sobre cuestiones tan cotidianas como qué líneas de autobuses estaban funcionando, qué ferrys seguían operativos. Es decir lo que se define como “periodismo cívico”.
Sin embargo, los grandes protagonistas de la jornada fueron los teléfonos celulares. Las imágenes captadas con ellos fueron utilizadas por la televisión y la prensa como testimonios de lo que había ocurrido en los momentos claves. Por eso en el diario El País de España se comentaba: “Los teléfonos móviles convirtieron a las víctimas en periodistas tras las explosiones… Lo de ayer no es un suceso aislado y probablemente se repetirá. Vamos a ver muchos más acontecimientos que serán documentados por individuos que estaban en el lugar exacto en el momento exacto”.
El impacto de estas herramientas de comunicación es tan grande que incluso se habla del nacimiento de un “nuevo periodismo”. Pero, vale recordar que el periodismo es una mediación entre los hechos y los ciudadanos. Esa mediación implica pausas, evaluaciones, elaboraciones y ediciones.
Estamos ante una contradicción que las políticas de la BBC la simbolizan bien: por un lado, la utilización de reportería de emergencia como la manera en que los ciudadanos se vuelven mediadores. Por otro, la línea editorial del medio que se refleja en el lema: “La exactitud es más importante que la velocidad”.
Unos atentados sin muertos
Esa política explica en parte, la decisión de no mostrar los cadáveres de las víctimas del 7 de julio. En palabras de James Painter, editor ejecutivo para América de la BBC:
“Debemos respetar la dignidad humana sin disimular las realidades del conflicto. Debe haber una clara justificación editorial para la utilización de imágenes muy gráficas de guerras o atrocidades”. Y agrega: “Eso no quiere decir que la BBC esté censurando sus informes. En ocasiones la BBC sí considera apropiado transmitir escenas de extremo sufrimiento, pero usualmente ofrecemos unas palabras de introducción para advertir a la audiencia de lo que se avecina”.
La decisión de la cadena pública va en consonancia con una larga tradición de los medios ingleses que evita transmitir imágenes demasiado explícitas. No obstante, eso no explica el apagón informativo y mucho se habla de los intentos de las autoridades y medios por minimizar en un inicio la magnitud de los atentados. En la red no se deja de hablar de esto como un ejercicio muy parecido a la autocensura periodística.
No estamos tan lejos
Las nuevas tecnologías no son ajenas a los ecuatorianos. Durante los hechos del 20 de abril, no solo se utilizaron los mensajes por celular, los chats y blogs como medios para que los ciudadanos se autoconvocaran en las manifestaciones que desembocaron en el derrocamiento de Lucio Gutiérrez.
Muchas personas que participaban de las protestas se convirtieron en “reporteros de emergencia” que llamaban a las radios para dar cuenta de la dura represión policial, de los tiroteos en el Ministerio de Bienestar Social o de la llegada de contramanifestantes por los valles aledaños a Quito.
De otro lado, los diarios incorporan mayor cantidad de testimonios en sus páginas webs, aunque los blogs aún no se han convertido en fuente informativa y son una herramienta desconocida para la mayoría de los periodistas ecuatorianos, como lo señala el lector Guillermo Sornoza Ortega, quien además promueve “ecuablogs.com”, el portal de los blogs del Ecuador.
A todo esto, las cadenas televisivas ecuatorianas aparecen más desconectadas que nunca. No solo es el hecho de que ningún canal de TV haya realizado una cobertura de magnitud de los hechos de Londres. Sobre todo, es la lejanía frente a los procesos ciudadanos. Y esa situación no se arregla utilizando a los forajidos para el argumento de una telenovela, como se ha hecho en Ecuavisa.