La semana pasada un Jorge Ortiz impaciente apresuraba a sus televidentes para que con sus números de cédula pudieran conocer a cuánto ascendía el monto que tenían como fondos de reserva en el IESS. Ayer, el ejercicio se repitió en ‘Está clarito’ con Santiago Naranjo.
El acto de supuesta transparencia de las autoridades del IESS tenía por objeto desvirtuar las acusaciones de que no disponen de la información individualizada de los afiliados. El golpe de efecto funcionó y mucha gente se lanzó a llamar a los programas de televisión para conocer cuánto dinero había. No obstante, en las pantallas nunca se advirtió que la información estaba actualizada solo hasta el 2003. A una parte de televidentes simplemente se les dijo “que no constaban en el sistema”… La confusión del afiliado se incrementa.
El episodio retrata bien el manejo que el tema IESS ha tenido en la televisión, donde no han podido descifrar la agenda de unos políticos enfocados en recuperar popularidad. La TV se ha entrampado hasta terminar entre la espada de la presión popular y la pared del juego de los congresistas.
Ha sido así porque un tema básicamente técnico se transformó en un intercambio de fuego cruzado entre los distintos intereses en juego. Algún intento hubo de subir el tono de debate en ‘Cero tolerancia’, como también alguna frase suelta de Carlos Vera fue la única referencia sobre la estrategia populista de los diputados. Por lo contrario, a su turno cada reportero que ha trabajado sobre el tema ha rematado sus notas con frases que son un recurso retórico: el “afiliado exige”, “el trabajador quiere”, “la opinión pública clama”, etcétera.
Si no hay sustento de encuestas y/o un claro pronunciamiento ciudadano no puede abusarse de frases de ese tipo porque obliga a preguntarse: ¿informativamente, a quién se refieren cuando se nombra a “los trabajadores”?, ¿de quién se habla si únicamente 800.000, de un total de 4 millones, son afiliados al IESS? Cuando se dice “lo que quiere el afiliado” ¿es porque se ha recogido fielmente su pensamiento? ¿Se puede sostener algo así fundamentados en encuestas televisivas que no tienen valor estadístico o con algunas entrevistas en la calle? Con todo lo ilustrativas e importantes que son todas esas voces, expresan opiniones y no hechos.
El lavado de imagen funciona
El episodio bien puede ser considerado como un retrato en cuerpo entero de cómo los políticos están prestos a manipular temas vitales con el fin de lograr cierta notoriedad. Pero también nos muestra una televisión actuando como correa de transmisión de esos discursos. Antes del 20 de abril, cuando la gente en las calles exige que “se vayan todos”, a pocos se le ocurría hablar sobre la devolución de los fondos de reserva. Repentinamente, en el Congreso se acuerdan de la pobreza de los ecuatorianos y la justicia de devolver su dinero a los afiliados. Claro que al mismo tiempo logran el objetivo de estar en los titulares y ser entrevistados por todos los canales, a cuyos sets acuden para practicar el deporte que más les gusta: denunciar, acusar, descalificar…
O si no hay que mirar a Luis Felipe Vizcaíno en todos los noticieros de Ecuavisa y luego pasar por ‘Contacto directo’ para hablar del “mayor atraco de la historia” (ni siquiera puede ser un poco original) ante la complaciente mirada de un Carlos Vera afecto a la confrontación, venga de donde venga.