Hepatitis, VIH, los anuales resurgimientos de enfermedades tropicales… La situación de salud pública en el país es poco menos que una calamidad. De ahí que cada cierto tiempo las informaciones sobre los avances mortales de distintas epidemias se conviertan en titular de los noticieros. En los últimos días han sido el VIH y la hepatitis A.
“Dos mil millones de personas en el mundo están infectadas y una de esas puede ser usted”, es el escalofriante anuncio que promociona el programa ‘La TV’ durante la tarde y noche del domingo. Alarmismo es el otro nombre del sensacionalismo.
En la noche del lunes se presenta una nota sobre el VIH. Para eso Ruth del Salto concurre con las cámaras a un centro de salud. Mientras dice que las mujeres son más vulnerables a la enfermedad con el argumento (discutible) de que “son receptoras del semen infectado”, se comienzan a hacer paneos y acercamientos de cámara a las señoras, muchas de ellas embarazadas, que esperan ser atendidas por los médicos. La reportera continúa: actualmente, las amas de casa tienen más riesgo de infectarse que las trabajadoras sexuales. La cámara mantiene su ofensiva… Ahora una señora entrada en carnes trata de escapar del lente, se la sigue hasta que desaparece.
Entonces, ¿todas las señoras que esperaban en el centro de salud tenían sida? ¿Todas ellas eran amas de casa infectadas? ¿Trabajadoras sexuales? No importa, eran mujeres que estaban en un centro de salud. En otras palabras, servían para ilustrar una nota de salud pública. Pero, ¿se ha pensado qué pasaría si familiares y amigos de alguna de las enfocadas dijese: “Le vi a fulanita en un reportaje sobre el sida”?
¿Todo asiático es un chino sospechoso?
El utilizar tomas indiscriminadas de personas inocentes o que nada tienen que ver con el hecho noticioso es una práctica tan habitual que ya nadie lo toma en serio. La semana pasada me escribió una amiga para contar que durante varios días fue víctima de llamadas y chistes porque en ‘No-ticias’ se les ocurrió utilizar una toma en la cual esta persona –que nada tiene que ver con la política– se cruzaba a la salida de una radio con la diputada Ximena Bohórquez.
El lunes hubo otra muestra de uso irresponsable de la cámara: el caso de las visas chinas. De pronto, para las cámaras de los noticieros todos los chinos –o que lo parecieran– fueron sospechosos. Se visitaron almacenes, se hizo hablar a dependientes, se hicieron tomas de la llegada de turistas asiáticos. No importó si estaban legalmente en el país o no. Lo importante era tener “chinos” para ilustrar una nota. ¿Qué pasa si un juez o la Policía deciden utilizar esas tomas como pruebas en contra de personas inocentes?
Hasta Carlos Vera cae en las redes de los estereotipos y sospechas: “¿Inversionistas de un país donde gobierna un dictador?”, preguntó en ‘Contacto directo’. Se ve que no ha visto imágenes de Shangai y Hong Kong. O que no ha leído informaciones sobre el descomunal crecimiento económico del gigante asiático.
Respeto por la gente y sentido de la responsabilidad, ¿es mucho pedir a nuestra televisión?