Tuve el placer de participar, junto con el músico Quincy Jones, el ex presidente de Suiza, Adolf Oggi; la primera dama de Sudáfrica, Zanele Mbeki; la Alta Comisaria de las Naciones Unidas, Sadako Ogata, en la creación y dirección de la Fundación Schwab. Creada por Klaus y Hilde Schwab, tiene como objetivo apoyar a personas que, con ideas creativas y revolucionarias, intentan (y lo consiguen) hacer de este mundo un lugar mejor.
La selección la hacen auditores completamente independientes, teniendo en cuenta algunos criterios básicos: ¿se puede exportar la idea a otros países? ¿Puede mantenerse independiente del apoyo del gobierno? ¿Conseguirá autofinanciarse?, entre otros.
Cuando celebramos nuestra primera reunión en Ginebra (para mi orgullo, vi que entre los 40 seleccionados de todo el mundo había allí 6 brasileños) vi que allí estaba la semilla de un verdadero cambio en la estructura de la economía y de la sociedad. Las personas seleccionadas participan, durante tres años seguidos, en el Fórum Económico Mundial, en Davos (Suiza), con la posibilidad de mostrar su visión del mundo a los llamados “dueños del poder”, y quizá conseguir alguna compañía que les permita ampliar el trabajo.
He aquí algunos ejemplos de gente que tuvo un sueño, y decidió que ya estaba bien de pedir permiso para hacer lo que querían y se pusieron manos a la obra.
El derecho a luchar
Gillian Caldwell era todavía un adolescente cuando vio –como todos nosotros– las imágenes del bárbaro apaleamiento de Rodney King, un conductor que había sido detenido por la policía de Los Ángeles. Sin embargo, en lugar de limitarse a criticar la brutalidad de los policías, decidió montar un sistema que permitiese la distribución de tecnología relativamente barata (en general, grabadoras o cámaras de vídeo) para denunciar abusos de los derechos humanos. Su programa, patrocinado por el músico Peter Gabriel, está ahora presente en 50 países, y ha servido como prueba de tales abusos, que pueden ir de la prostitución forzada en Rusia hasta la violencia contra los niños en Honduras. Los vídeos que muestran verdaderas barbaridades cometidas contra los grupos menos favorecidos de la población, son enviados a noticiarios de televisión de gran impacto, o a organismos internacionales, como Naciones Unidas. (
www.witness.org)
El trabajo con respeto
Paul Rice trabajaba como empleado de una compañía productora de café de Nicaragua, cuando un día se dio cuenta de que parte de la mano de obra empleada en la plantación y en la cosecha estaba prácticamente en condiciones de esclavitud. En 1990 decidió estimular al pequeño agricultor a organizarse contra la explotación de las grandes multinacionales. Consiguió formar una cooperativa de 3.000 productores y presionar a las grandes cadenas de café. Hoy ya puede dar un certificado de “respeto al trabajo”, y activar un sistema de distribución que va directamente del agricultor al comerciante, eliminando una serie de intermediarios, permitiendo así que cada uno reciba lo que le corresponde (
www.transfairusa.org).
Conseguir oír mejor
Se cree que 165 millones de personas del Tercer Mundo tienen problemas graves de audición, pero no tienen dinero para comprar los sofisticados aparatos que hoy en día encontramos en las tiendas. David Green desarrolló con unos amigos una forma segura y efectiva de producir esos aparatos a muy bajo precio, partiendo del principio de que la demanda es enorme por lo que puede reducirse sin riesgo el margen de beneficio. Su “Proyecto Impacto” llevó el alivio a una cantidad enorme de personas, sin que la producción dejase de ser rentable y autosostenible (
www.project-impact.net).