Campesinos de Salitre y otras zonas del noroeste de Guayas se dan modos para subsistir.
Los campesinos de al menos 150 recintos de Salitre y parte de Daule, noroeste de Guayas, se acostumbran en estos días a vivir en medio del agua, por las inundaciones que se dieron en la zona desde hace dos semanas.
Las viviendas de caña están en medio de las lagunas. Las canoas (embarcaciones hechas de troncos de árboles) son el medio de movilización para adultos y niños que salen a las escuelas de pueblos cercanos.
Uno de estos sectores es Las Maravillas, donde los cultivos desaparecieron y solo hay charcos.
Aquel paisaje similar a un tapiz, formado por retazos verde amarillos, característico de la zona arrocera de Salitre y Daule, es ahora un gran espejo de agua donde solo se aprecian viviendas, algunas carreteras y unos cuantos cultivos.
Al circular por la vía Daule-Salitre, desde el puente sobre el río Pula hacia la parroquia General Vernaza, noroeste de la provincia del Guayas, uno ve cómo se suceden las lagunas. La zona es una de las más afectadas por las inundaciones desde hace dos semanas.
En aquel gran espejo de agua flotan centenares de historias de campesinos que sufren por haber perdido su sustento, su esperanza, su tranquilidad. Si bien es común que estos sectores se inunden en invierno, este año se produjo el desbordamiento de ríos y esteros en forma desproporcionada, “como cuando fue el fenómeno El Niño de 1997”.
Son las 07h10 del jueves 5 de mayo. Esther Duarte acodera el canalete (canoa hecha en un tronco) en que transportó a sus hijas, Gloria y Jennifer León, y su sobrina, Gabriela León. Llega a una calle del recinto Las Maravillas luego de navegar quince minutos desde su vivienda de caña, separada tan solo unos 30 cm del agua gracias a unos pilares.
“Todo eso (señala la laguna que va hacia el horizonte) son parcelas que estaban sembradas de arroz. Por ahí hay unos caminos que ahora están cubiertos”, afirma la mujer. Las menores salen a la escuela; ella las transporta y, ese día, trae un pavo que espera vender en $ 6 y comprar los víveres para la familia.
“No hay más. Mi marido, Guillermo León, gana de $ 15 a $ 18 a la semana como jornalero, pero ahora no hay trabajo”, menciona.
Los León Duarte forman parte de las centenares de familias que viven en medio del agua en la zona rural de Salitre, según la Defensa Civil el cantón más afectado por las inundaciones. Así están los vecinos de Las Maravillas, Guarumal, Los Tintos, Laurel, Bramadero, Buenavista, Las Palmas, Comején, Correntoso, La Gloria, La T, entre otros. En total, son 150 recintos afectados, el 55% del territorio salitreño. Alrededor de 16 mil de las 40 mil hectáreas de cultivos de arroz se perdieron.
Cada familia tiene motivos para lamentarse. Ángel Quinto Molina y sus cuatro hermanos perdieron nueve cuadras de cultivo de arroz, una inversión de $ 1.800 financiada con un préstamo del Banco Nacional de Fomento. Fidel Mota perdió cuatro cuadras recién sembradas. Marlene de Reyes tenía once cuadras que debían cosecharse en dos semanas, pero se “quemaron” (malograron). “Pierdo al menos $ 8.000. No sé cómo pagaré al chulquero de la piladora que me presta la plata con un interés del 15% mensual”, se queja.
Pero la vida sigue. Todas las familias se encierran en sus casas, y en sus mosquiteros, a las 18h00, para evitar las “nubes de mosquitos”. En el día se transportan en canaletes, se bañan en el agua represada, cuidan sus aves y animales que servirán para subsistir hasta que haya cosechas.
“De ayuda no hablemos, porque acá no ha llegado. Hasta el agua para la comida aquí se la compra, a un dólar el tanque de 55 galones”, dice Máximo Vicente Castro.