Miércoles 20 de abril del 2005 Internacionales

Júbilo e incredulidad en plaza de San Pedro

AFP-AP | CIUDAD DEL VATICANO

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CIUDAD DEL VATICANO.- Varias monjas celebran entre miles de fieles en la plaza de San Pedro la elección del nuevo Papa, tras el humo blanco que salió de la chimenea de la Capilla Sixtina.

Jóvenes, ancianos, religiosos, estudiantes, italianos o peregrinos venidos de mil rincones del mundo dirigen sus miradas hacia el balcón central de la  basílica de San Pedro donde aparecerá el nuevo Papa. El silencio es sepulcral.

El humo se torna blanco, las campanas repican, miles de personas rompen a llorar de alegría: “¡Habemus Papam, Habemus  Papam!”.

Luego de segundos de silencio sepulcral se escucha el nombre del nuevo Papa: Joseph Ratzinger, que es recibido con vítores y aplausos, aunque no de todos, e incontenido llanto por las 200.000 personas congregadas en la plaza de San Pedro, que reciben de rodillas la primera bendición del nuevo Pontífice.

“Da igual quien sea, lo importante es que la Iglesia ya no está huérfana”, celebraba un grupo de religiosas mexicanas.

“Bendecido por Dios”, “Viva el Papa”, clamaba la multitud, mientras muchos intentaban llamar por teléfono a sus casas para contar la buena noticia y hacer fotografías del momento histórico.

“Estoy feliz porque será un gran pastor como lo fue Juan Pablo II. Era el único que podía sustituirlo y guiar a la Iglesia”, explica Graciela d’Agostini, de Milán.

Venidos desde Stuttgart, un grupo de alemanes todavía no cree que un compatriota vaya a ocupar el trono de Pedro. “Increíble, increíble”, repetía mirando al cielo Stephan Oechsle. “Va a ser un Papa mucho mejor que lo que muchos creen. No es tan  conservador como dicen y es el hombre que los católicos necesitan”.

La explosión de alegría de muchos contrastaba con la tristeza de otros fieles reunidos en la plaza de San Pedro. “Juan Pablo I abrió una puerta hacia el pueblo y Juan Pablo II siguió esta línea. Con Ratzinger volvemos al siglo XIX. No sé qué mensaje nos envía la Iglesia en este momento”, decía decepcionado Christopher Wimner de EE.UU. Para un grupo de jóvenes sacerdotes españoles y latinoamericanos, la elección del cardenal alemán cae como un jarro de agua fría. No quieren ni decir sus nombres por miedo.

“Ha acabado la luna de miel de Paulo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II. Sabíamos que Ratzinger era un cardenal con muchas posibilidades pero no queríamos creerlo”, aseguran.

“Es un Papa para los cardenales, pero no para el pueblo; el pueblo pide un Papa no europeo, sino un sudamericano o africano, para trabajar más por los pobres, los derechos de la mujer y de los niños”, dijo José Silvano, agente de viajes brasileño.

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