Los siete países más industrializados del mundo mostraron ayer un optimismo moderado sobre las perspectivas de crecimiento mundial pese a la volatilidad en los precios del crudo, pero mantienen grandes diferencias sobre la lucha contra la pobreza.
Los ministros de Finanzas y los jefes de los bancos centrales de los países del G7 (Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Canadá), según un comunicado oficial, destacaron que “los precios del petróleo son un freno” al crecimiento.
La cotización del barril se mantiene alrededor de los 50 dólares, lo que comienza a tener un efecto, por ejemplo, sobre el consumo en EE.UU.
Si bien hubo coincidencias entre los siete grandes, también se registraron amplias diferencias, en particular sobre los medios para ayudar a los países más pobres a salir de su marasmo. Organizaciones no gubernamentales propusieron redoblar la ayuda al desarrollo y anular la deuda de los países más pobres, a consideración de organizaciones multilaterales. Pero ninguno de los dos planteamientos concitó un apoyo unánime.
El Banco Central Europeo insistió sobre la necesidad “urgente” de reducir los desequilibrios de la economía mundial.