“El error fue anclar el paro en el Congreso”, dijo Fausto Cordovez. Eso diluyó los ánimos. ¿Y de quién fue ese error?, quiso saber Carlos Vera. “De todos”, dijo el entrevistado, incluyéndose. Digno. Sin embargo, el entrevistador lo ve de otra manera: “de todos no, del alcalde de Quito. Usted es un caballero pero yo soy un periodista”. No sé si Vera tiene la razón (sospecho que ambos la tienen), pero me gustó esa última frase. Porque la caballerosidad vale para justificar a la fuente, pero nunca puede servir de coartada al periodista.
A la misma hora, en otro canal, se desarrollaba una escena opuesta. Jorge Ortiz entrevistaba a José Gallardo sobre el asunto de la venta de armas de Chile al Ecuador, y prefería dejar las cosas en términos de honor y caballerosidad.
Pregunta: ¿es verdad que el Ecuador compró esas armas?
Respuesta: no le puedo contestar porque la Junta de Defensa no ha levantado el secreto. Conclusión: “General, sé que usted es un hombre de honor y muy respetuoso de sus deberes”.
Así será, pero la honorabilidad de Gallardo no alcanza para justificar a Ortiz. Y lo digo porque la presunta venta de armas es, en estos momentos, un tema de interés continental en el que el país está involucrado de cabeza, un escándalo que cambió el mapa diplomático de Sudamérica y, según analistas de todas partes, viró la votación en la OEA. Sin embargo, los noticiarios de la TV no han dicho una palabra al respecto. Raro, ¿no?
No sé si hubo un pacto de silencio o es un caso generalizado de autocensura. De cualquier manera, no es normal. Me pregunto si los canales habrán asumido como consigna la recomendación de nuestro embajador en Lima: “hay que mantenerse al margen de las investigaciones y dejar que los embajadores se pronuncien”. O si habrán recibido la visita del Comando Conjunto, como ha ocurrido en otras ocasiones. Y ahora callan. Eso sería muy caballeroso de su parte, pero no alcanza para justificarlos.