El asesor en temas internacionales del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, Marco Aurelio García, señala tres pilares para mantener la seguridad en la región: el crecimiento de la economía, la equidad social y la estabilidad política.
Marco Aurelio García vivió la persecución y el exilio en los años de la dictadura brasileña. Volvió a su país para integrarse a los movimientos políticos que desembocaron en el Partido de los Trabajadores (PT) que impulsó a Lula a la presidencia. Hoy, García es el asesor en política internacional del mandatario. Una trayectoria personal que permite hablar con él de cambios sociales y políticos en la región. Sin embargo ¿Es posible el cambio en América Latina?
“Debemos tener en cuenta cuestiones de tiempo, porque los retrasos económicos y sociales, de los sistemas políticos, del contexto internacional, ejercen una presión tan fuerte sobre nuestras realidades, que los procesos de transformación tendrán que ser necesariamente muy cuidadosos. Estamos siempre ante una paradoja: mientras las demandas sociales son urgentes, hay que cuidar que las soluciones sean verdaderas, que no produzcan solo un gran encanto en el primer momento. Una gran transformación será una obra de más de una generación”, sostiene.
Y esa paradoja conduce a un conflicto: entre el partido político de izquierda y el ejercicio del poder. Una dificultad que Marco Aurelio García la tipifica como la necesidad de encontrar compatibilidad entre el crecimiento acelerado, el equilibrio macroeconómico y la disminución de la vulnerabilidad externa, con la redistribución del ingreso.
¿Aquello puede haberle conducido al gobierno de Lula a mantener una política económica ortodoxa, conservadora, que no era lo que se esperaba de él?
García propone diferenciar entre macroeconomía y desarrollo. La diferencia, dice, radica en que a la derecha le interesa solo la macroeconomía, y “a nosotros el desarrollo, porque creemos que el equilibrio macroeconómico es un elemento consustancial al desarrollo, aunque a momentos puedan entrar en contradicción.”
García defiende la presencia de un cierto equilibrio de los dos factores, en el gobierno de Lula da Silva.
“Yo creo –agrega- que los hombres y mujeres de izquierda de América Latina, no tenemos mucha claridad sobre cuál es el modelo económico que vamos a proponer para nuestros países. Quisiéramos sociedades críticas y propositivas frente a lo que fue el desarrollismo en el pasado y lo que fueron más recientemente esos proyectos que, para facilitar las cosas, llamamos neoliberales.
A mí me molestan ciertas medidas que son necesarias desde el punto de vista macroeconómico, algunas cosas estamos haciendo por necesidad, pero no me gusta transformar la necesidad en virtud”.
Integración
En algún momento, Brasil aparece como el compañero de Estados Unidos a la cabeza de las conversaciones para integrar la Alianza de Libre Comercio de las Américas, Alca. Sin embargo, en su diálogo con EL UNIVERSO, Marco Aurelio García manifiesta que esa participación en las negociaciones no significaba que se aceptaría una propuesta que aparecía en cierta forma como hegemónica por parte de Estados Unidos.
“Nos parecía importante —afirma— un modelo de integración más parecido con el europeo, menos asimétrico, en el cual no solo los temas comerciales estuvieran incluidos, sino también la integración social, política. Por eso empezamos a plantear una agenda más compleja para el Mercosur. Nuestra Cancillería adoptó como conducta que si Estados Unidos no quiere cumplir con un punto básico del Alca: la apertura de mercados, vamos a dar al Alca otra naturaleza: transformarla en un gran paraguas con reglas muy amplias y cada uno establezca sus acuerdos. De hecho esta agenda se está cumpliendo en el caso de los TLC.
Sin embargo, esta diversidad de acuerdos bilaterales introducirá, según García, heterogeneidad en América del Sur, en medio de la cual surgirá otra dimensión de integración impulsada por la creación de la Comunidad Sudamericana, en campos de la infraestructura, la articulación de cadenas productivas, una política agrícola más articulada, una política industrial, de ciencia y tecnología, etc.
Marco Aurelio García piensa que “a todos en América del Sur nos interesa un crecimiento de la economía, la equidad social para que el crecimiento se dé en otras condiciones, y estabilidad política. Son los tres elementos fundamentales para sustentar una noción de seguridad en la región”.
Y el diálogo regresa sobre algo que subyace en todos estos conceptos: el nuevo modelo económico. ¿Cuáles son sus elementos sustanciales?
Hay un reto que Marco Aurelio García subraya: la inclusión social.
“Es insoportable la foto de América Latina, no podemos mirar más el continente como está, necesita un movimiento muy fuerte a su interior para que decenas de millones puedan tener una plena integración a la sociedad, tengan trabajo, vivienda, salud educación”.
Pero además, esas condiciones, deben ser duraderas, y deberán ir del brazo de una integración regional “no solo por viejos ideales, sino porque si queremos tener una presencia más poderosa en el mundo, lo haremos mejor si lo hacemos en forma integrada; incluso para el cambio de las relaciones de fuerza políticas en el mundo”.
El ejercicio del poder, reconoce García, provoca desgastes políticos en el Partido de los Trabajadores de Brasil, pero, dice, no en la dimensión que la prensa de ese país quiere darles. Pero el desgaste, para él, no solo ocurre en la izquierda; la derecha también ha perdido paradigmas pues “la fiesta liberal conservadora de los ochenta y noventa duró muy poco”. Ocurrió una complicación adicional: que la ofensiva liberal ocurrió en momentos de una gran fragilidad de las izquierdas, por lo que acabó por ejercer una suerte de hegemonía sobre los centros de pensamiento.
“Hoy día, ciertas ideas liberales ganaron una fuerza solo comparable a las de la izquierda en el pasado. Eso no ayuda mucho. Hay un problema enorme de reconstrucción del pensamiento de izquierda, y es esa una tarea que vamos a tener que emprenderla” concluye.